Su primer partido fue en La Romareda. Falló un gol clamoroso. El último partido que disputó con el Real Madrid tuvo lugar en el mismo estadio. Marcó un gol lesionado y cojo con el que mantenía a su equipo vivo en la lucha por el título, aunque la Liga la terminó ganando el Barca. Es un fiel resumen de su trayectoria: ambición y superación personal.

Nunca fue un superdotado técnicamente, ni el más rapido ni el más fuerte. Un tipo trabajador y currante con un olfato e inteligencia sin igual para sobrevivir destacando más de 17 años al más alto nivel. Alejado de los focos mediáticos, las lisonjas y chismorreos. No es Beckam ni quiso serlo. No tiene tatuajes. Su nivel de egoísmo no llega a Cristiano Ronaldo ni a Messi. Su principal preocupación era ganar y marcar goles, por ese orden. Ha convivido con algunos de los mejores futbolistas del mundo y aún así ha destacado. Zidane, Ronaldo, Beckam, Suker, Mijatovic, Michael Owen no consiguieron evaporar su alma. Tampoco estaba todo el partido pendiente de como le quedaba el pelo o la cinta que lo protegía.

Nunca ha sido expulsado en toda su carrera deportiva.

Su único lunar es la selección.  La separación impuesta por Luis Aragonés coincide con la eclosión de la mejor generación de futbolistas españoles que nos llevaron a ganar la Eurocopa de 2008, una pena que no pudiera estar ahí para ganar algo que el mundo del fútbol le debe: un título con España. No es lo mismo jugar con Iván Campo, Munitis y Zubizarreta que con Casillas, Xavi e Iniesta.

Su marcha prematura del Real Madrid le ha permitido no coincidir con Mourinho en su equipo. No me imagino que su reacción hubiera sido la misma que la de sus compañeros con algunas de las actuaciones de Mourinho ni se hubiera escondido cuando perdieron 5-0 en el Campo Nou a pesar de las órdenes dictadas. Hubiera dado la cara, como siempre.

Por eso, y por muchas más razones. MUCHAS GRACIAS. Te veremos entrenando al Real Madrid.

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