Muchas veces se dice que en verano ocurren pocos acontecimientos importantes. Hoy se cumple el aniversario número 68 del intento más importante y cercano a tener éxito por matar y derrocar a Hitler. El anterior fue realizado por un carpintero comunista, Georg Elser, que actuando en solitario colocó una bomba en el estrado donde Hitler pronunciaba cada 8 de Noviembre su discurso celebrando el pustch de 1923 con el que aspiró a conquistar el poder. En esa ocasión, Hitler se salvó porque terminó su discurso antes de lo previsto. La bomba estalló apenas 13 minutos después de que abandonara el estrado matando a 7 personas. El instinto natural de supervivencia de Hitler le hizo dar un discurso mucho más breve que sus habituales peroratas. Parte de la cúpula militar conspiraba contra Hitler desde antes de empezar la guerra pero la enorme popularidad de Hitler así como la tradicional obediencia al mando de los oficiales alemanes hicieron que esas conspiraciones no pasaran de proyectos iniciales que no pudieron concretarse ni siquiera al iniciarse la guerra por las rápidas victorias del Ejército alemán. El asesinato del comandante en jefe no entraba en los esquemas mentales de los tradicionales oficiales prusianos.

El fulgurante inicio de la Guerra con las invasiones de Polonia y la contundencia con la que Alemania derribó al Ejército Francés, en apenas un mes en Mayo de 1940, no permitieron ninguna clase de acción contra el Jefe del Estado y comandante en Jefe del Ejército por parte de una oficialidad, en gran parte, totalmente ajena y contraria al nazismo pero profundamente conservadora e incapaz de aglutinar una alternativa al totalitarismo de Hitler y el Partido Nazi. Esta incapacidad, y en algunos casos complicidad, permitieron el mantenimiento y prolongación del poder de Hitler. La invasión de la URSS, con su tratamiento inhumano a los prisioneros, y el genocidio contra los judíos fueron la causa indirecta de esta indecisión.

Con las tropas aliadas ya asentadas en Europa Occidental tras la invasión del Junio anterior en Normandía, un grupo de oficiales antinazis que llevaba conspirando desde el principio de la guerra cree que ha llegado su momento. La misión consistía en derrocar a Hitler y los nazis, tomar el poder y emprender negociaciones con los aliados occidentales, no con la Unión Soviética, para poner fin a la guerra. Llama la atención la confusión de pensamiento de los conspiradores ya que pensar, a fecha de 1944, que los aliados iban a consentir entablar negociaciones sin contar con la URSS y conociendo ya las políticas criminales aplicadas por los nazis contra los judíos y otros colectivos era de una gran ingenuidad. El avance de los aliados y el descubrimiento paulatino y constante de los campos de concentración alejaba cualquier posibilidad de acuerdo por separado.

En el atentado del 20 de Julio hubo una organización más amplia. Hubo dos fases distintas y consecutivas. La primera era el atentado con bomba realizado por Claus von Stauffenberg en la Guarida del Lobo y en la que se esperaba matar también a Himmler y Goering pero diversos aplazamientos provocaron que no estuvieran presentes en la fecha definitiva del atentado. La idea original era eliminar a toda la cúpula nazi. La segunda era la toma de poder tanto en Berlín como en el frente de Francia. Las dos estuvieron muy de cerca de tener éxito pero las dos fracasaron.  En la sala de reuniones donde Hitler seguía la conferencia la bomba fue desplazada accidentalmente por uno de los asistentes debajo de la mesa lo que salvó la vida de Hitler. Murieron 4 personas pero Hitler sobrevivió con heridas leves. Una vez cometido el atentado, Stauffenberg escapa del lugar creyendo que Hitler había muerto al observar la explosión desde un lugar más alejado.

Friedrich Fromm, Jefe de las Fuerzas de reserva en Berlín, era el encargado de ejecutar la Operación Valkiria destinada a tomar el poder en la capital y eliminar el régimen nazi. Tras recibir informaciones confusas sobre la muerte de Hitler decide ocupar la capital con sus tropas pero al no tener la seguridad del éxito del atentado, algunos de los cabecillas como Friedrich Olbricht cambian de bando e intentan borrar las huellas de su participación. Las tropas rodean a Joseph Goebbels, pero Hitler consigue hablar con el encargado de ellas, el mayor Otto Remer,  y le convence de que está vivo y de que hay en marcha un complot en su contra que debe parar. A partir de aquí, las SS se hacen con el control de la situación y detienen el golpe.

Von stauffenberg es ejecutado inmediatamente por orden de Fromm lo cual no le impidió ser arrestado y ejecutado en Marzo de 1945. El general Ludwig Beck intenta suicidarse disparándose en la cabeza pero hubo de ser rematado porque no lo consiguió. La toma del poder por parte de los conspiradores en París es abortada al conocer que Hitler no ha muerto.  El mariscal Rommel tuvo que suicidarse para que no mataran a su familia debido a la participación en el complot de París de sus principales lugartenientes: Von Stülpnagel y el mariscal von Kluge. Nunca hubo evidencias concluyentes contra él.  El futuro canciller si triunfaba el golpe, Goerdeler, antiguo alcalde de Leipzig, también es ejecutado posteriormente junto a varios cientos más.

Una vez controlada la situación se desata la barbarie. El régimen Nazi aplica la ley de honor y sangre. Pagarán con su vida no solo los autores y comprometidos con el atentado, también sus familiares, entre los que se incluyen generales, aristócratas y políticos de gran tradición en Alemania. Ejecuciones sumarias a luz de los faros de furgonetas, algunas incluso filmadas. La parafernalia habitual de un régimen criminal.

La llegada al infierno de Hitler tuvo que aplazarse hasta Abril de 1945.

 

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