Frío como el acero. Duro, con una mirada glacial y con la misma arrogancia con la que ganó 7 Tours de Francia seguidos, de 1999 a 2005. Dopándose eso sí. EPO, transfusiones de sangre, corticoides y hormonas de crecimiento  formaron parte de su laboratorio privado con el que gestó unos de los mayores fraudes de la historia deportiva. La confesión de Lance Armstrong ante Oprah Winfrey supone el reconocimiento de que engañó y mintió para ganar y para no ser descubierto, pero no muestra nada de arrepentimiento. Su confesión a medias parece, más bien, un movimiento táctico similar a una batalla militar. Una retirada para tomar impulso.

Con esta confesión reconoce que ha cometido perjurio y su destino es acabar en la cárcel, siguiendo la estela de Marion Jones.  A no ser que llegue a un acuerdo con las autoridades judiciales y con la USADA. Ese acuerdo tiene 2 premisas principales: Reconocer que mintió, lo hizo ayer en TV pero no ante la USADA, y dar detalles de su engaño: en español, tirar de la manta. Su escaso arrepentimiento me lleva pensar que no, que no dará de detalles de cómo engañó y de quienes le ayudaron. De hecho, una de las pocas respuestas positivas que dio fue acerca del doctor Michele Ferrari, presunto arquitecto de muchas tramas de dopaje: ” Es un hombre bueno”. Pero no fue solamente la única confesión que hizo ayer. Entre algunas otras destacan el reconocimiento de que no era el solo el que se dopaba sino que formaba parte del corazón del ciclismo el hacer trampas y la insinuación de que la UCI era un organismo mafioso que le protegía: ” Nunca di positivo, pasé cientos de controles“. ” Di dinero a la UCI porque me lo pidieron, claro que ahora no me va a creer nadie”.  Esta declaración se une a que nunca fue sometido a controles extraordinarios fuera de competición.  Cuándo se retiró en 2005 aún no había entrado en vigor el pasaporte biológico, un gran instrumento en la lucha contra el dopaje. Uno de los pocos errores que reconoció fue su vuelta al ciclismo en 2009 y 2010. ” Yo no estaría aquí sentado si no hubiera vuelto a la competición”. No reconoce haberse dopado  a partir de su vuelta en 2009. Tampoco admite haber presionado a compañeros de utilizar métodos ilegales o expulsarlos del equipo si no lo hacían.

Tampoco reconoció haber hecho algo malo con el dopaje. Formaba parte de las reglas del juego insinuando que la mayoría de ciclistas lo hacían. Seguramente, ésta sea una de las mayores verdades que dijo. A lo largo de los últimos 20 años la mayoría de los podiums  de los Tours de Francia se ha demostrado que han estado ocupados por ciclistas que han dado positivo o que han reconocido haberse dopado aunque no los pillaran: Jan Ulrich, Bjarne Riis, Virenque, Floyd Landis, Alberto Contador, Ivan Basso y un largo rosario. La arrogancia por ganar, el instinto insaciable que admite el propio Armstrong en la entrevista unida a las ganancias millonarias han podrido un deporte hermoso.

¿ Consecuencias de esta confesión?. Las personales de Armstrong serán enfrentarse a medio plazo a la acusación de perjurio y el riesgo de ir a la cárcel además del ostracismo personal derivado de sus mentiras y las demandas económicas que tendrá que afrontar por los juicios ganados a aquéllos que denunciaron que se había dopado. Su fundación de lucha contra el cáncer, Livestrong, está tocada de muerte.  Las colectivas para el ciclismo son más difícles de intuir. Lo ideal sería una refundación y que cundiera el ejemplo de confesar los engaños, pero no a medias sino caiga quién caiga. Empezando por la UCI que o es cómplice de este engaño o es una organización inútil por no detectar que el ganador de 7 tours de Francia, así como otros ciclistas, les han estado tomando el pelo durante muchos años. Si ha pasado cientos de controles y no ha dado positivo en ninguno es que algo falla. O corrupción o incompetencia.

Por último, estaría muy bien que su excompañero español Jose Luis Rubiera y Samuel Sánchez nos dieran ahora lecciones de lo formidable que es Lance Armstrong y le defiendan repitiendo de nuevo que todas las informaciones sobre él son falsas y que provienen de cuatro indocumentados.

Anuncios