En estos días se conmemora el 70 aniversario final de la batalla de Stalingrado que supuso la derrota del VI ejército Alemán en una ciudad símbolo de la Unión Soviética y el principio del fin del nazismo. Las dos tiranías más sanguinarias que han existido en el siglo XX se enfrentaban a muerte en una lucha marcada por el salvajismo demostrado por el Ejército Alemán durante toda la invasión y la determinación e inhumanidad del Ejército Soviético en la defensa de su territorio. Los dos antiguos aliados, Hitler y Stalin, ambicionaban el mismo objetivo: el dominio absoluto de Europa y , a partir de ahí, el liderazgo mundial.

En Agosto de 1939 se firmó el pacto Ribbentrop- Molotov entre Alemania y la Unión Soviética. No fue solamente un pacto de no agresión que fue lo que intentó vender a posteriori Stalin. Fue mucho más. La parte pública afirmaba, efectivamente, un pacto de no agresión entre ambas potencias con una vigencia de 10 años y una serie de acuerdos comerciales pero en sus claúsulas secretas contemplaba el establecimiento de zonas de influencia para ambos países. Fundamentalmente, división de Polonia entre ellos y las Repúblicas bálticas para la URSS. Apenas una semana después de la firma del tratado Alemania invadía Polonia y, posteriormente, la URSS hizo lo propio.  Además, se recogía el envío de materiales y minerales hacia Alemania que eran indispensables para su maquinaria de guerra. De esta manera, los partidos comunistas de Europa Occidental se convirtieron en aliados indirectos de Hitler. Por otra parte, con este pacto había intereses más inmediatos y claves en el desarrollo de la guerra. Hitler pretendía un pacto temporal con la URSS para tener manos libres en el Oeste, derrotar a Francia y Gran Bretaña y luego volverse con todas sus fuerzas hacia la URSS, su principal objetivo vital. Por su parte, Stalin empujaba a Hitler hacia el Oeste para lograr una guerra de desgaste entre las potencias europeas y mantener a su país como espectador mientras se rearmaba y esperaba el desangramiento mutuo entre las democracias y Alemania. Sus cálculos se vinieron abajo con el desplome de Francia ante el avance alemán y la determinación de Gran Bretaña a seguir la guerra en solitario.

Con la invasión alemana de Junio de 1941, Operación Barbarroja, Stalin quedó fuera de juego. A pesar de todas las advertencias sobre los preparativos alemanes no hizo nada, quedó paralizado durante dos semanas sin reaccionar. Posteriormente, reaccionó apelando al patriotismo ruso siendo él georgiano y olvidando la ideología. Pero en sus primeros meses las victorias alemanas fueron totales debido en gran parte a su superioridad táctica y militar, sobre todo por la falta de preparación de los oficiales soviéticos por las purgas indiscriminadas de Stalin en los años 30. Pero la gran ventaja de la URSS fue la inmensidad de su territorio y la ingente cantidad de soldados de reserva de los que disponía. Alemania preveía una campaña de sólo dos meses que no eran realistas por lo que no pudieron hacer frente adecuadamente al frío ni a las condiciones del invierno ruso. Cuando los soviéticos empezaron a mejorar sus tácticas y tuvieron a su disposición los materiales enviados por sus nuevos aliados, Estados Unidos y Gran Bretaña,  detuvieron a los alemanes a las puertas de Moscú. Mención especial requiere la ingente cantidad de camiones suministrados por los norteamericanos que permitieron desplazar hombres y armas a los soviéticos.

Ya en Noviembre de 1942 organizaron una ofensiva para cercar al VI Ejército Alemán en Stalingrado. Hitler llegó a proclamar la conquista de la ciudad y de hecho, en un 90%, la controlaban. Pero nunca por completo. Una vez terminada la posibilidad de maniobras de envolvimiento de la Werchmat la guerra se desplazaba hacia una lucha cuerpo a cuerpo para la que no estaba tan preparada y en la que la superioridad numérica soviética era aplastante. Su obstinación por el simbolismo de conquistar Stalingrado no le permitió realizar un repliegue táctico para salvar a su Ejército y la vastedad del territorio conquistado hizo imposible suministrar el abastecimiento necesario a sus tropas ni siquiera vía aérea como prometió Goering. Al otro lado del Volga, el general Zhukov montaba en secreto un gran Ejército con el que atacar en un amplio frente a los alemanes y rodearlos en una gran maniobra de envolvimiento. El atque se dirigió principalmente contra los flnacos más débiles, defendidos por unidades rumanas y húngaras, aliados del régimen nazi y profundamente desmoralizados. Esto unido a la determinación soviética para recuperar la ciudad hizo posible el cerco del Ejército dirigido por el general Friedrich Paulus que desobedeció la insinuación de Hitler de que debía suicidarse antes que entregarse al ser nombrado mariscal por Hitler. Stalingrado se convirtió en una ratonera para los alemanes que se vieron atrapados en ella. De un Ejército de 250. 000 hombres, Paulus se rindió el 31 de Enero de 1942 con 90. 000 de los cuales solo unos 5. 000 sobrevivieron y regresaron a Alemania al cabo de los años. El mismo Paulus pudo volver a Alemania, en la zona soviética, en 1952.

Después de unos dos millones de muertos, la derrota alemana en Stalingrado supuso la pérdida de la iniciativa en la guerra y el comienzo de su declive. El sueño de espacio vital de Hitler en la Unión Soviética se desvaneció y la conjunción de Estados Unidos, la URSS y Gran Bretaña marcó el devenir de la guerra con la derrota y el aniquilamiento de la tiranía nazi, siendo sustituida en la Europa oriental por la dictadura soviética hasta finales de los años 80 y principos de los 90. La vida, ya sabemos,  no es perfecta.n101pa67

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