Navegando estos dias por la red he encontrado un blog muy interesante. Es del periodista de El Mundo David Jiménez. Se trata de un periodista que lleva unos cuantos años especializado en Asia y siguiendo todo tipo de conflictos desde guerras, Timor Oriental y Afganistán, pasando por desastres como el nuclear de Fukushima en Japón, la muerte de Bin Laden y los grandes tsunamis del Índico y Pacífico. El blog en general me parece bastante incisivo pero hoy lo traigo a colación por un artículo en particular llamado El triunfo de los mediocres. La tesis principal es que una crisis como la que actualmente atravesamos no es sólo culpa de Alemania, ni de Grecia ni del euro sino que que nos hemos convertido en un país mediocre.

Ciertamente no estamos ante una crisis solamente económica y política, sino ante una crisis de valores. Ya sabemos que vende más decir que todos los políticos son unos ladrones, que también los hay y bastantes, pero creo que hay unas razones de fondo que no son coyunturales pero que explotan ahora. Por ejemplo, partimos de una base de que tenemos una sociedad en gran parte idiotizada dónde los personajes qué mas venden y a los que se presta gran atención son Julián Muñoz, Belén Esteban, Isabel Pantoja, Paquirrín y personajes por el estilo. Programas como Sálvame se erigen en los nuevos puntales de la televisión y de toda una generación de españoles. Si esto es lo que vende, el futuro no puede ser muy esperanzador. Y qué decir de los medios de comunicación públicos, trufados de comisarios políticos serviles con sus amos, concebidas como instrumentos de poder y no de comunicación, con el gran mundo de las productoras de los amigos con los que  se hacen negocios suculentos. Sería mejor cerrarlos y nos ahorraríamos mucho dinero y vergüenza. Una sociedad caracterizada por el dominio absoluto del fútbol en la vida del país y capaz de convocar a millones de personas que mueren por sus colores y a las que difícilmente les quedan más energías que aportar después de un partido para encontrar empleo o formarse.

Un país dónde el mérito personal como forma de ascender profesionalmente apenas existe y lo más adecuado para ello es el amiguismo tanto en la esfera privada como en la pública. Si un jefe se rodea de los mejores quedaría en evidencia así que, simplemente, se rodea de los semejantes a él. El enchufismo en la administración pública como método para crear camarillas de poder por parte de partidos y sindicatos y los acuerdos bajo mesa entre administraciones y empresarios para conseguir financiación irregular unos y beneficios los otros.

Una sociedad que vitorea los éxitos deportivos españoles pero que mira hacia otro lado cuándo se habla de dopaje. Si ganan los nuestros, ¿ qué más da la forma y los medios que se utilicen?. No es nada aislado, ya vemos como muchos partidos lastrados por candidatos con abundantes sospechas de corrupción vuelven a ganar elecciones con los mismos candidatos. Se sienten legitimados para seguir actuando igual.

Mediocre también el ámbito educativo. Ya hemos perdido la cuenta de las reformas educativas que se han llevado a cabo en democracia. De hecho, suele ser de las primeras leyes que se aprueban cuándo hay un cambio de gobierno. Ya sabemos que el control educativo es un medio de controlar a las generaciones futuras y crear un sistema de adoctrinamiento: solo tenemos que ver la educación en Cataluña y el País Vasco, son ya varias las generaciones educadas en el odio a lo español y sabemos que resultados están produciendo. No se trata de un problema de recursos. En el conjunto de la Unión Europea gastamos más de la media en todos los niveles en gasto por alumno: primaria, secundaria y educación superior y estamos a la cola en cuánto a rendimiento. Países como Finlandia obtienen mejores resultados que España con un nivel de gasto inferior. ¿ Qué falla entonces?. Digo yo que alguna responsabildad de ninis que estamos construyendo de cara al futuro.

Obviamente, llegar a esta situación no es fruto de un día, tampoco de unos años. Lo relevante es poner los medios para mejorar de cara al futuro y, lamentablemente, no parece que se esté haciendo gran cosa para solucionarlo. Por supuesto, siempre le podemos echar la culpa a Angela Merkel y Alemania de lo que nos ocurre. Pero antes, deberíamos hacernos unas simples preguntas. ¿ Tiene Angela Merkel la culpa de nuestros aeropuertos vacíos, sin vuelos ni pasajeros?. ¿Tiene la culpa Merkel del escándalo de los ERES en Andalucía y del agujero negro en el que se ha convertido el Partido Popular de Valencia durante estos años?. ¿ O de Luis Bárcenas y el caso Gürtel y el saqueo de las cuentas en Cataluña?. ¿ O acaso tiene la culpa Alemania del despilfarro de nuestras Administraciones y Televisiones Públicas?. Siempre es más sencillo echarle la culpa a los demás de nuestras desgracias.

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