A lo largo de gran parte del siglo XX y de lo que llevamos del XXI se viene atacando al liberalismo y, en tono peyorativo, al neoliberalismo en términos generales y particulares, según los países.  Algunas de esas críticas provienen de sectores contrarios a las libertades más básicas de las personas, tanto del fascismo clásico que empieza en Mussolini, pasando por dictaduras autoritarias como Franco en España y por los regímenes clásicos socialistas/comunistas como la URSS y Europa del Este junto con los contemporáneos como Venezuela con Hugo Chávez y la Cuba de los hermanos Castro. Actualmente, el liberalismo como instrumento de poder, apenas existe. No se trata de que no existan elementos liberales en muchos gobiernos pero no son realmente quienes gobiernan. De hecho en Europa se liga el liberalismo con la derecha y en Estados Unidos con la izquierda, con el partido demócrata.

Esta reflexión viene a cuento de la medida aprobada por el Gobierno que supone tratar de meter en vereda a las marcas blancas de supermercados y grandes superficies, consistente en ofrecer como propios productos que no lo son, sino que son de otras compañías. Se trata de un ataque deliberado a la competencia. La política de marcas blancas permite a las superficies ofertar productos a precios más bajos que los competidores siendo los principales beneficiados los consumidores. Para asaltar supermercados ya tenemos a Gordillo, no hace falta más gente.

En España se ha intentado mandar el mensaje, muchas veces con éxito tanto desde la izquierda como desde la derecha, de que el PP es un partido liberal o cercano al liberalismo económico. Es el mito liberal del PP. Nada más lejos de la realidad. Al contrario, lo que existe aparentemente es un duopolio claro: tenemos un socialismo de izquierdas pero también un socialismo de derechas. Sin remontarnos mucho en el tiempo tenemos el ejemplo de las primeras semanas de gobierno de Mariano Rajoy como Presidente. En la primera semana se estrenó con una brutal subida del IRPF que perjudica en mayor medida, paradójicamente, a su electorado natural de asalariados, profesionales y clase media. La excusa, la mala gestión de Zapatero y el PSOE y el déficit oculto encontrado. Mala gestión no, pésima. Pero pasamos ocho años oyendo decir al PP que Zapatero mentía en todo, pero entonces ¿ las cuentas si se las creyeron?. Pues sería lo único.

En el Partido Popular hay tres grandes grupos bien diferenciados: están los clásicos democristianos cuyos máximos exponentes actuales serían Javier Arenas y Jaime Mayor Oreja. Se trata de un grupo generalmente intervencionista y favorable al poder del Estado. Son estatalistas por naturaleza. Por otro lado tenemos un grupo conservador, que es el mayoritario, poco partidario de grandes reformas y sí de algun maquillaje con el fin de que no se desmadren las cuentas y algún componente liberal aislado pero sin grupo organizado. Sólo hay que recordar la invitación que realizó Rajoy en el Congreso de Valencia de 2008 al grito de quién se quiera ir al Partido Liberal que se vaya. No llega al extremo de la UCD de Suárez dónde también tenían cabida hasta partidos socialdemócratas, con Francisco Fernández Ordóñez a la cabeza luego ministro de Exteriores con Felipe González, pero casi. La ambición del PP, como la del PSOE, es formar un amplio grupo de intereses y complicidades para seguir ganando elecciones, son partidos que se comportan y quieren ser como un Estado y para ello tratan de controlar numerosos sectores de la sociedad, desde la sanidad, los medios de comunicación, tanto públicos como privados y la educación como garantía de control del futuro. Hasta Indalecio Prieto, uno de los lideres del PSOE durante la II República, decía de sí mismo que era socialista a fuer de liberal.

En Camino a la Servidumbre hablaba Hayek de los socialistas de todos los partidos. En España bien se puede apreciar esta circunstancia:

– Zapatero subió el tipo máximo del IVA al 18% y Rajoy lo amplió , después de criticarlo duramente y con razón, hasta el 21%. Se trata de un impuesto regresivo que castiga por igual al que tiene mayor renta, al que está en la clase media y al que tiene pocos ingresos. En un país como el nuestro en el que una parte importante del crecimiento económico está basado en la fortaleza del consumo privado se trata de una medida devastadora y con poco beneficio. No llega a recaudarse ni la mitad de lo esperado.  Para seguir la política de ZP no hacía falta cambiar de Gobierno.

Subida de los impuestos especiales: ahora no podemos devaluar nuestra moneda al estar en el euro pero si seguir machacando y subiendo impuestos con el objetivo de mantener el nivel de vida del Estado y su aparato monstruoso.

Subida del IRPF: la gran traición del Gobierno actual. Sólo habría que recordar las palabras de Montoro cuándo estaba en la oposición y ver que hace lo mismo que criticaba a los responsables anteriores.

Control de los medios de comunicación públicos. Cuándo el PP llego al Gobierno por primera vez en 1996 algunos sectores difundían la idea de que RTVE se iba a privatizar para dárselas a sus amigos. Mucho debieron reirse porque seguimos en 2013 y no se ha privatizado. Para que se la van a dar a otros si pueden disfrutarla ellos. Y si ya nos vamos a las televisiones autonómicas, con unas plantillas que si dijéramos que están sobredimensionadas seríamos demasiado generosos, llegamos al absurdo de que para cubrir una región tienen una plantilla superior a las de dos cadenas nacionales como Telecinco y Antena 3. Ejemplos vergonzosos hay muchos. Solo expongo uno. Un redactor de deportes de Canal Sur como enviado especial en Bagdad durante la Guerra de Irak.

Así podríamos seguir con multitud de medidas y acciones. Pero la próxima vez que oigan el neoliberalismo criminal o que la culpa de todo,  o de la crisis económica en concreto,  la tiene el modelo liberal, desconfíen porque tal política, en España, no se aplica.

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