En el día de ayer el Partido de los Socialistas catalanes, PSC, apoyó en el Congreso de los Diputados la moción presentafa por Ciu que apuesta por el derecho a decidir de Cataluña, eufemismo del derecho de autodeterminación. Por primera vez, el PSC rompió la disciplina de voto con el PSOE lo que aventura una mayor inestabilidad en las relaciones entre ambos partidos. Porque eso es lo que son, dos partidos distintos, con estatutos diferentes y aspiraciones divergentes. Ya explicamos en profundidad la paradoja del PSC( en el post El Fin del PSC) con una dirección y política subordinada a los objetivos nacionalistas y una base electoral españolista o contraria al nacionalismo. En resumen, persiguen unos objetivos opuestos a los que reclaman sus votantes. Esta relación contranatura funcionó durante bastantes años, sobre todo en el ámbito municipal, pero ha llegado un momento en el que la careta no puede sostenerse en la cara. Se trata de una rebelión en toda regla.

La sumisión del PSC a los nacionalistas les llevó a obtener su peor resultado electoral de la mano de su teórico actual lider, Pere Navarro. Parecía algo difícil de lograr pero a su lado los resultados de José Montilla parecen ahora excelentes. Con su apoyo explícito al derecho a decidir, el PSC se echa al monte en su apuesta nacionalista. A lo largo de todos estos años se conformaba con amagar, en una especie de tira y afloja consentido por el PSOE porque le resultaba muy beneficioso en términos electorales. Pero ahora es distinto, ya ni siquiera conserva gran parte del poder municipal que ostentaba, la pérdida de las alcaldías de Barcelona, Badalona y la Diputación de Barcelona son dramáticas para sus fines y muchos de sus afiliados y cuadros medios no tienen sitio ahora dónde colocarse.

El divorcio entre el PSC y el PSOE entra ahora en un período de gran incertidumbre. No sabemos si el PSC continuará apostando por su deriva nacionalista o volverá al sentido común. Lo que si está claro es que sus relaciones ya no volverán a ser las mismas. No pueden serlo. En el ámbito nacional, el liderazgo de Rubalcaba quedó muy tocado tras el resultado de las últimas elecciones generales y su labor de oposición y el último debate sobre el Estado de la Nación no han hecho nada por mejorar su posición dentro del partido. Su íntima rival en el PSOE, Carmen Chacón, siempre ha estado jugando a dos bandas. Al ser catalana su partido es el PSC pero ella aspira a liderar el PSOE y convertirse en la primera mujer Presidente del Gobierno, si Zapatero llegó a Presidente no la descarten en absoluto. Toda su carrera va dirigida hacia la Moncloa. Su paso por los ministerios de Vivienda y Defensa, su candidatura a liderar el PSOE son pasos encaminados en esa dirección en una gran campaña de marketing. Pero sigue jugando con dos barajas. Por un lado es el único miembro del PSC en el Congreso que no ha apoyado la moción de Ciu que abogaba por el derecho a decidir ayer pero tampoco votó en contra. Simplemente se quedó sentada en su escaño pero no votó. Nada nuevo. Es la misma persona que impulsó la creación de Juzgados para agilizar desahucios siendo ministra pero los critica cuando está en la oposición. No obstante su postura es lógica: si quiere aspirar a liderar el PSOE no pede permitirse el lujo de apoyar propuestas nacionalistas. La otra posibilidad es que no consiga nada. Ni liderar el PSOE ni dominar el PSC. Españolista en Cataluña, nacionalista en Madrid. Nada que Miguel Barroso no pueda solucionar.

En el futuro más próximo Rubalcaba tratará de clarificar un nuevo marco de relaciones entre los dos partidos. Miembros del PSC forman parte de la dirección federal del PSOE pero éste no tiene ningún miembro en la dirección del PSC. Uno de los miembros actuales en la dirección del PSOE representando al PSC, y que será el primero en caer, es José Zaragoza el cual se encuentra inmerso de lleno en el escándal ode espionaje y escuchas en Cataluña. Las posibilidades serían las siguientes:

Libertad total de voto al PSC en todos los asuntos concernientes a Cataluña

Mantener el marco de relaciones actual y sancionar a los diputados que rompan la disciplina de voto

Recuperar la marca del PSOE en Cataluña. No lejos de esta postura está Alfonso Guerra, uno de los dirigentes históricos del PSOE y exvicepresidente del Gobierno con Felipe González. Siempre receptivo a los mensajes de subordinación del PSOE hacia los nacionalistas, su intervención ayer en el Grupo Parlamentario suena a desencanto y hartazgo. Si el PSC sigue defendiendo reivindicaciones nacionalistas, se presentará sólo en Cataluña. En una línea igualmente crítica se han pronunciado otros dirigentes como Guillermo Fernández Vara en Extremadura, el exministro López Aguilar y representantes socialistas en Andalucía, Castilla La Mancha y País Vasco.

Lo iremos viendo con el transcurso del tiempo pero parece como un trailer de una película de intriga con un guión intrincado y con muchos cambios.

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