En estos días se reedita por la editorial Península el libro de Dionisio Ridruejo, Casi unas Memorias. No se tratan de unas Memorias al uso ya que no llegó a escribirlas. Pero si parecía destinados a ello los escritos que dejó y que abarcan toda una vida. La trayectoria vital de Ridruejo es el fiel reflejo de la trayectoria de España durante gran parte del siglo XX partiendo de la premisa de la muerte de la democracia y el avance de los totalitarismos, tanto fascista como comunista, en los años 20 y 30 y su posterior evolución hacia posturas más abiertas y democráticas con el transcurso de los años. Del fascismo a la socialdemocracia sin perder un ápice de su independencia personal.

El periplo político de Ridruejo arranca con su afiliación a Falange en 1933 con apenas 21 años en una época en la que no había apenas falangistas, mucho antes de la avalancha que supuso el inicio de la Guerra Civil y la unificación con los demás grupos sublevados. Falangista de primera hora y admirador de José Antonio Primo de Rivera, perseguía a través de su militancia la modernización de España que pasaba, según él, necesariamente por la vinculación al totalitarismo, tanto alemán como italiano unido al convencimiento de la victoria alemana en la Segunda Guerra Mundial. Jefe Provincial de Falange en Valladolid, durante la Guerra Civil llegó a ser Director General de Propaganda del Gobierno de Franco y miembro del Consejo Nacional de Falange, cesando en 1941. En la entrada de las tropas en Barcelona se empeñó en repartir octavillas de Falange en catalán, pero no le dejaron. A continuación se alista como soldado raso en la División Azul que combate junto con los alemanes contra la Unión Soviética. Tras los horrores vividos vuelve a España y empieza su distanciamiento de Franco y su régimen al entender que ha dejado de lado la revolución falangista, la revolución pendiente, y que se abrazaba al tradicionalismo rancio y clerical que impedía la modernización de España. A su vuelta de Rusia le manda a Franco una carta, Julio 1942, en la que le reprocha su falta de valentía para realizar  la revolución que España necesita. Que no se había hecho la guerra para terminar en un caudillismo ramplante sino para cambiar España. De ahí, el primer confinamiento en Cataluña hasta 1948 en el que Franco le levanta el castigo y se marcha de corresponsal a Roma dónde empieza a apreciar los rasgos de libertad vedados en España.

No nos engañemos. Apenas había demócratas en España en esos años, los convulsos 30, como apenas los había en el resto de Europa. Tampoco lo era él. No eran demócratas las derechas y tampoco lo era el Frente Popular. No podemos mirar esos años con los ojos de ahora, tendríamos que ponernos en situación. Una vez de vuelta en España, nuestro protagonista empieza su oposición a la dictadura. Destierros, pasos por la cárcel y exilios, tanto interiores como exteriores, marcan su trayectoria. Gran escritor y poeta con el valor suficiente para mirar hacia atrás y renegar de su pasado y convertirse en militante contrario a lo que había defendido anteriormente. Detenido en los atercados de 1956, meses antes de las revueltas estudiantiles, es nuevamente encarcelado, entre otros con Enrique Múgica, exministro socialista y exDefensor del Pueblo. Más tarde ejerce la docencia en Estados Unidos.

En el año 1962 participó en el Congreso del Movimiento Europeo, el famoso contubernio de Munich, dónde políticos de distintas ideologías y procedencias opositores al régimen, interior y exterior, vencedores y vencidos de la Guerra Civil con la exclusión del Partido Comunista redactaron un programa de mínimos para el restablecimiento de la democracia en España. Monárquicos liberales como Gil Robles, socialistas, democristianos y nacionalistas debatiendo entre ellos como imagen de superación de las dos Españas. Todo bajo el liderazgo de Salvador de Madariaga. No pudo volver a España, tuvo que quedarse en París dónde dió a luz su mejor obra: Escrito en España, censurada en nuestro país. Siempre delicado de de salud, nunca dejó de moverse y trabajar pensando en el futuro, un futuro en libertad, que era lo que quería para su país. Por ello, creó un partido político, la Unión Social Demócrata Española, USDE, formación de carácter reformista y socialdemócrata con la que está en relacion con el resto de la oposición interior. Murió en Junio de 1975, apenas unos meses antes de la muerte de Franco y del principio de la Transición en la que podría haber jugado un importante papel.

Una vida como la Dionisio Ridruejo es contradictoria. Participa en la Guerra en el bando vencedor pero realmente es un vencido. No disfruta la victoria y rechaza vivir cómodamente al amparo de la dictadura como hicieron otros muchos disfrutando de sus prebendas y cargos. Es detenido por sus aspiraciones y opiniones políticas pero participó en Revistas y movimientos literarios como Escorial dónde tuvo como compañeros de viaje como Julian Marías, Gregorio Marañón, Luis Rosales, Menéndz Pidal y Pedro Laín Entralgo. Detenido en alguna ocasión junto a Felipe González, participó en el embrión de la Plataforma de Convergencia Democrática en los estertores del franquismo. Para los partidarios de Franco sería un traidor sin más. Para los opositores de Franco, un fascista más. Realmente, un disidente y un intelectual. Pero nunca ocultó su pasado, nunca se escondió a pesar de luchar contra una dictadura que ayudó a fundar y en la que participó. Caminos paralelos los de un país y una persona profundamente entrelazados.

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