Con el comunicado de ayer de ETA alertando de las consecuencias negativas por la falta de voluntad del Gobierno de hincarse de rodillas a sus exigencias me ha venido a la memoria la figura extraña y enigmática, también maléfica en mi opinión, de Jesús Eguiguren, presidente del Partido de los Socialistas Vascos/ Euzkadiko Ezquerra. Se trata de una figura política esencial de la política vasca, casi siempre en la sombra y trabajando entre tinieblas, las personales y las políticas, sin importar demasiado la apariencia hacia el exterior. Lo importante para él es el segundo plano, las negociaciones encubiertas en los fogones y la trastienda del poder político vasco, lo cual quiere decir negociaciones con ETA y con la izquierda abertzale, ya sea legal o ilegal, mate o no mate.

A principios de los 90 nada podía indicar la preeminencia futura que Eguiguren llegaría a tener. Sobre todo a raíz de sus detención y condena por maltratos a a su mujer. Una condena de 17 días de arresto domiciliario por pegar una paliza a su mujer, siendo en esos momentos Eguiguren Vicepresidente del Parlamento Vasco. El mismo Eguiguren que en 2012 proclamaba que la estancia en prisión del lider etarra Arnaldo Otegi, su amigo, era un acto de venganza. Poco más se puede decir, si eres un maltratador nada más natural que ser amigo de un terrorista. Los hematomas y contusiones que provocó a su mujer solamente provocaron su dimisión de la Vicepresidencia del Parlamento Vasco pero no de diputado y a partir de ahí su partido, lejos de reprocharle nada le asciende poco a poco. Primero, secretario general de Guipúzcoa, luego Presidente del PSE y, posteriormente, encumbrado al Comité Federal del PSOE por Zapatero, el autoproclamado lider de la igualdad de género. Eso sí, de las múltiples asociaciones feministas del PSOE y de sus satélites ni una palabra de condena. Como siempre, el doble rasero moral.

Pero lo más destacado de este profesor universitario es su trabajo entre bambalinas para lo que se denomina el proceso de paz del País Vasco o traducido a lenguaje más llano cómo negociar cuestiones políticas con los asesinos o sus lugartenientes. Su labor más importante la inició a partir del año 2000 con sus reuniones discretas con Arnaldo Otegi, lider principal de Batasuna. Hacía poco que ETA había roto la tregua derivada del pacto de Estella y volvía por sus fueros asesinos. No pareció importarle mucho porque esas negociaciones y charlas discretas llevadas a cabo principalmente en un caserío de Elgoibar desembocaron en una mistad y camaradería política con Otegi que dura a día de hoy como demuestran sus visitas al amigo en la cárcel. La clave de estas negociaciones era separar el proceso de paz y el proceso político, es decir, una mesa entre Gobierno y ETA para decidir el futuro de los presos y otra Mesa entre partidos políticos en la cual se decidiría el futuro político del Pais Vasco. Todo este inicio de negociación es anterior a la llegada al Gobierno de Zapatero, de ahí arranca su importancia. El objetivo es a largo plazo y, parentemente, sin posibilidad de romperse por los atentados de la banda terrorista y sin que Eguiguren tuviera la más mínima intención de hacerlo. ETA conseguía tener un abierto directo de comunicación con el principal partido de la oposición que había suscrito el Pacto por la Libertad y que se saltaba a la torera con estas negociaciones semiclandestinas.

Ya con Zapatero en el Gobierno, llega la primera reunión en Zurich entre Eguiguren y Josu Ternera, prófugo ya durante años. Ambos coincidieron como parlamentarios autonómicos, después de que Eguiguren diera una paliza a su mujer y de que Josu Ternera saliera de la cárcel por su pertenencia a ETA. Como anfitrión de la reunión el centro Henri Dunant, experto en resolución de conflictos armados. A partir de ese primer encuentro se fijan una serie de condiciones de verificación y acuerdos de mínimos. Las negociaciones se trasladan a Oslo y desembocan en el acuerdo oficial de alto el fuego permanente por parte de ETA. Como en una negociación entre trileros todos intentan engañarse unos a otros, también el PNV que tenía miedo de quedarse fuera del acuerdo y la foto. El atentado contra la T4 de Barajas que costó la vida a dos personas supuso el punto final a la negociación oficial, que no a a la privada com ose encargaría de recordar Eguiguren con el paso del tiempo dejando en ridículo a Zapatero y sus accidentes refiriéndose a los atentados.

Lo más negativo de esta historia son dos cosas principales.

– Una es que no puedes dejar que una persona de la calaña moral de Eguiguren decida nada que afecta a los derechos y libertades de las personas, sobre todo con tu pasado personal.

– La otra cuestión es entablar negociaciones políticas con grupos terroristas. Lo único que se puede hablar con ellos es la renuncia al terrorismo al igual que ocurrió con ETA político militar, los famosos polimilis que acabaron acatando la Constitución y renegando del terrorismo al fundar Euzkadiko Ezquerra, hoy integrados en el PSE. No se puede premiar a nadie por dejar de matar, sólo un pequeño empujón para que lo dejen pero sin contrapartidas políticas.

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