Esta semana se ha cumplido el primer aniversario de la expropiación de la filial de Repsol en Argentina, YPF, por parte del Gobierno presidido por Cristina Fernández Kirchner. La medida fue una muesca más en la deriva autoritaria emprendida por su Gobierno con el fin de perpetuarse en el poder. Durante este año transcurrido se han cumplido los peores temores acerca de los efectos de la expropiación incumpliendo todas las promesas hechas a raíz de la medida. La propaganda kirchnerista se cubrió de nacionalismo con spots publicitarios y prometía vengarse de los años neoliberales de Carlos Menem, con apoyo de Cristina y su marido Néstor eso sí. Las promesas a los argentinos eran claras: aumento de la producción, independencia energética nacional y precios bajos con el fin de fomentar el consumo sin asfixiar las economía de las familias.

Un años después los hechos son claros. Las mentiras camufladas como promesas no se han cumplido. No es de extrañar. La presidencia de Cristina Kirchner no se caracteriza por la buena gestión y tiene múltiples frentes abiertos debido al afán expansionista de su poder. Vamos a realizar un repaso de lo que ha ocurrido en realidad en este año desde la expropiación de YPF:

–  Independencia energética nacional. Nada más lejos de la realidad. Antigüamente, Argentina se autoabstecía y exportaba sus excedentes. En 2012 Argentina tuvo que importar combustibles por valor de 12.000 millones de dólares y en 2013 las importaciones irán por encima de los 15.000 millones. Ya sabemos que la ideología no es suficiente para cumplir tus objetivos, sobre todo si éstos chocan con la realidad. A esto hay que unir el incendio que sufrió recientemente la instalación de Ensenada que necesitará una inversión mínima de 600 millones de dólares. Las desgracias nunca viene solas. Las predicciones estaban realizadas antes del incendio. Ni siquiera con la ayuda de Venezuela remontan el vuelo. Las necesidades de energía derivadas de la diferencia entre lo que se consume y lo que se necesita crecerán entre un 20 y 30% este año y los siguientes. El enorme yacimiento de gas de Vaca Muerta palidece ante la falta de la inversión necesaria de empreass internacionales a pesar de las inmejorables condiciones ofrecidas, sobre el papel, por el Gobierno argentino. Los inversores no se fían, y con razón. Como corolario, Argentina aumentó sus compras exteriores de combustible un 22% en los dos primeros meses de 2013. Crisis energética con mayúsculas.

Aumento de la producción: hay varios factores determinantes para conseguir aumentar la producción de una industria. Los más destacados son inversión y tecnología. La expropiación de YPF aumentó notablemente la inseguridad jurídica en un país con más precedentes de intromisión autoritaria por parte del Gobierno. Si no hay seguridad jurídica las grandes empresas petroleras y gasísticas son muy reticentes a invertir. No nos engañemos. Si dos empresas como Gazprom, rusa, y Sinopec, china, están preocupadas por la poca seguridad jurídica en Argentina es que existe un problema grave de inseguridad. La expropiación ha cerrado el grifo a las inversiones internacionales. La demagogia ideológica y populista no es capaz por sí sola de lograr resultados económicos: por ejemplo, la producción de gas y petróleo en los dos primeros meses de 2013 se ha reducido alrededor del 3%.

Precios bajos: ésta era una promesa con la que enganchar a las clases populares, un guiño populista de Kirchner con el objetivo de ganarse su apoyo, aún a sabiendas de que era imposible de cumplir. La cotización de la empresa ha caído un 35% desde la expropiación y Miguel Galuccio, presidente de YPF, se ha visto obligado a incrementar el precio del combustible un 23% desde que asumió el cargo en mayo de 2012. Una medida sensata, acorde con la importante inflación argentina, 23%, pero que choca frontalmente con las promesas de la Presidenta, de ahí la reciente decisión de congelar los precios del combustible. Si Argentina no cubre sus necesidades energéticas seguirá necesitando comprar en el exterior lo que no es capaz de producir por sí misma por su mala gestión. De independencia energética nada de nada.

La deriva autoritaria de Cristina Kirchner tiene como objetivo perpetuarla en el poder. Para ello necesita controlar todos los resortes de poder y a esta tarea es a lo que ha dedicado su tarea de Gobierno. Su enfrentamiento con el grupo de comunicación Clarín por no estar a las órdenes del Gobierno es uno de estos ejemplos. La expropiación de YPF es otro. En una sociedad moderna hay dos sectores básicos. El poder económico y el poder de comunicación. Es lo que intentan, doblegar a los disidentes y no tener que rendir cuentas a nadie. La reforma judicial es otro paso más. Control del poder judicial. Pero claro, ella sola no puede hacerlo y ya no tiene a su marido y anterior presiente, Néstor Kirchner, para aconsejarla. Entre sus castings para elegir colaboradores hay un nombre que destaca: Axel Kicillof. Secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo, viceministro de Economía en realidad. Fue el principal impulsor de la expropiación de YPF. Se trata de un jove economista con una clara tendencia marxista con muy poca experiencia pero que en aquellos momentos era muy cercano a la Presidenta. Hoy ya no lo es, ha caído en desgracia. Los lideres autoritarios harán cualquier cosa menos admitir que han cometido algún error. Los dioses nunca se equivocan. Como siempre, los principales perjudicados serán los propios argentinos, tan alejados de los dioses.

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