El hombre más buscado sobre la faz de la Tierra cayó abatido hace un año en Paquistán. La larga carrera criminal de Bin Laden terminó no en una cueva en las montañas afganas sino en un complejo residencial de Abottabad, a un kilómetro de una Academia Militar, el West Point paquistaní, y a 50 kilómetros de Islamabad, capital del país., indicio claro de que contaba con algún tipo de protección entre las autoridades paquistaníes, aunque probablemente no del Gobierno. La residencia contaba con 3 plantas, muros de 3 metros de alto, otros muros de hormigón de casi 12 metros de alto y carecía de televisión, línea telefónica e internet. La experiencia acumulada en su larga carrera de terrorista le hizo ver a Bin Laden que el principal aliado de Estados Unidos para capturarle era la tecnología, así que prescindió de teléfonos móviles y vía satélite. La clave de su localización estuvo en el trabajo de campo tradicional y en los interrogatorios, muy posiblemente con torturas, en la prisión de Guantánamo. Entre la información extraída de los presos surgió el nombre de uno de los correos de confianza de Bin Laden y después de muchos años fue descubierto través de seguimientos realizados en Paquistán y les llevó hasta el complejo de Abottabad dónde se escondía Bin Laden.

Tras un largo análisis del complejo y de sus ocupantes se llegó a la conclusión de que Bin Laden podría estar escondido en ese lugar. La ausencia de líneas de comunicación, la seguridad del complejo y el nulo contacto con el exterior unido a la quema diaria de basura en el interior hicieron ver a los servicios de inteligencia que alguien importante se escondía. Los satélites empezaron a apuntar permanentemente a la residencia y escrutaron palmo a palmo el terreno. Una figura alta y delgada que paseaba por el patio a la que apodaron el Caminante les llamó poderosamente la atención. Pensaron que habían acertado a pesar de algunas dudas surgidas en las investigaciones. Se barajaron dos opciones principales: la primera era un bombardeo con misiles del complejo. Tenía la ventaja del nulo riesgo que implicaba la operación pero el gran inconveniente de no saber si se habría acertado por no poder identificar los cuerpos. La segunda opción era la incursión de un pequeño grupo de operaciones especiales con el objetivo de matar a Bin Laden si se encontraba allí y recopilar toda la información posible. El riesgo era claro, la infiltración de norteamericanos en un país hostil como Paquistán y sin más fuerzas sobre el terreno implicaba posibilidad ser capturados o matados en la operación. Obama se decantó por esta segunda opción.

La operación en sí comenzó con la salida de 4 helicópteros de Jalalabad, en Afgnanistán. Dos helicópteros para realizar el asalto por comandos de los SEALS y otros dos de protección. No se informó a las autoridades paquistaníes hasta que terminó la operación por la poca confianza que había en un posible chivatazo de los servicios de inteligencia de Paquistán, ISI, que hiciera huir a Bin Laden. No hay que olvidar que el ISI fueron los creadores y protectores de los talibanes en Afganistán y contaba en su seno con importantes defensores de Bin Laden. En su llegada a la residencia uno de los helicópteros tuvo problemas mecánicos y quedo inutilizado. Los 20 miembros de los SEALS entraron en la residencia dónde encontraron poca resistencia. Uno de los hijos de Bin Laden se enfrentó a ellos y cayó abatido. Mujeres y niños en abundancia completaban la población de la residencia. La superioridad material de los comando era abrumadora: dispositivos de visión nocturna, potentes explosivos de mano y rifles de asalto unidos a una determinación y entrenamiento propios de auténticos guerreros. Dentro de la residencia penetraron habitación por habitación encontrando a Bin Laden en la tercera planta dónde opuso resietencia y fue abatido por las fuerzas especiales de un tiro en el ojo izquierdo. Desde el 11-S Estados Unidos esperaba este momento. El cadáver de Bin Laden fue arrojado al mar para evitar que su cuerpo y tumba se convirtiera en santuario terrorista y de peregrinación.

Mucho se ha debatido sobre si se le dió la oportunidad de rendirse o no. Me parece un debate inncesario. Bin Laden nunca hubiera permitido ser capturado con vida por Estados Unidos. Tenía  de sí mismo la imagen de un mártir pero su carrera de terrorista acabó en una residencia de lujo escondido y apartado de la vida cotidiana. Era un recluso de su propia imagen. Lás órdenes del comando sobre la suerte de Bin Laden para los SEALS las desconocemos, pero todo apunta a que el objetivo era matar y no capturar con vida a Bin Laden. Su captura hubiera implicado tarde o temprano un juicio y un show mediático al que Estados Unidos no estaba dispuesto a enfrentarse. Posiblemente no hubiera habido seguridad suficiente para garantizar la reclusión del preso y su imagen seguiría sirviendo de referencia para numerosos yihadistas. Recuerda, parcialmente, a la captura y muerte del Che Guevara en Bolivia. Por otra parte, el deseo de venganza por una tragedia como la del 11-S no puede ser minusvalorado. Las palabras de George Bush de capturar a Bin Laden vivo o muerto no pueden olvidarse. El mensaje que Estados Unidos envía es claro: da igual dónde te escondas y quién seas. Si nos atacas y matas, te buscaremos y encontraremos.

La muerte de Bin Laden supone la desaparición del símbolo de la lucha de los yihadistas islámicos por imponer sus creencias a base de bombas y atentados pero no implica que haya desparecido el peligro. Ni mucho menos. La red que fundó, Al Quaeda, tenía como enorme ventaja la constitución de células independientes por todo el mundo sin comunicación entre ellas lo que evitaba el riesgo de delaciones y caídas masivas de sus miembros. También supuso la creación de una franquicia terrorista que sirve como ejemplo e inspiración para la constitución de nuevos grupos teroristas a lo largo del mundo y de grupos pequeños y de lobos solitarios que actúan autónomamente. El ejemplo de los recientes atentados de Boston es muy claro. Matamos a Bin Laden pero los yihadistas islámicos siguen matando y asesinando a sus enemigos. Y no podemos confundirnos: todos los que no somos musulmanes y también muchos musulmanes somos sus enemigos, así que somos sus objetivos. No discriminan entre creyentes, ateos o agnósticos: Todos somos infieles para ellos.

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