Un mes después de las Elecciones por las que Nicolás Maduro sucedió a Hugo Chávez en la Presidencia de Venezuela en una ambiente de dudosa legitimidad, nadie lo dudaba, se pone de manifiesto lo que desde aquí y muchos ámbitos se venía diciendo del régimen chavista. La mala y penosa gestión de un país con enormes recursos naturales, gas y petróleo principalmente, abocaba a un posible desabastecimiento de los productos más básicos y esenciales para la población. El supuesto progresismo del régimen bolivariano se parece más a los regímenes autoritarios de Europa del Este controlados por la URSS que al paraíso socialista, justo e igualitario que quieren implantar. Escasez de alimentos y otros productos, largas colas ante los establecimientos por poner solo un par de ejemplos.

Esta semana se ha conocido que el Gobierno de Venezuela tiene que importar 50 millones de rollos de papel higiénico. A la espantosa gestión llevada a cabo se une la demagogia de acusar a la oposición de ser los principales responsables del desabastecimiento como parte de una campaña para desestabilizar al Gobierno. También acusa a los empresarios del sector de no producir lo suficiente o almacenarlo durante largo tiempo. También ha llegado un cargamento de 760.000 toneladas de alimentos esta semana a Venezuela. Todo esto en un país como Venezuela dónde el precio de los productos básicos está regulado por el Gobierno. La explicación es más sencilla: en primer lugar hay muchas plantas de producción dependientes del Estado que son totalmente ineficientes o directamente no funcionan. El propietario de Empresas Polar, principal empresa productora de alimentos del país, se llama Lorenzo Mendoza y pidió al Gobierno que le vendiera o alquilara alguna de estas plantas que no funcionan correctamente para hacerlas rentables y eficientes. Para Nicolás Maduro esto es una provocación pero no que tengan que importar alimentos para consumo básico. En segundo lugar, la inestabilidad política que reina en el país tras la muerte de Hugo Chávez y las irregularidades, por ser generosos, en las elecciones de Abril denunciadas por Henrique Capriles ahuyentan la inversión, tanto nacional como extranjera. Sin seguridad jurídica no habrá más inversión. No hay garantías para los empresarios de poder desarrollar sus negocios al amparo de la ley.

Desgraciadamente para los venezolanos no se trata de una situación coyuntural. El Gobierno cuenta con el control del Ejército, con un control absoluto de los medios de comunicación públicos y ejerce una enorme presión de los pocos medios independientes que todavía sobreviven en Venezuela y administra los principales medios de producción lo que le permite, entre otras cosas, controlar el precio de los productos más básicos y la economía en general desde hace 10 años. Su ineptitud para gestionar los recursos del país provocará más situaciones de este tipo en el futuro. Bajo el mandato de Hugo Chávez se inició una política de nacionalizaciones de los sectores estratégicos del país: la industria petrolera, la eléctrica, las cadenas de supermercados, los puertos por dónde llegan los alimento. Nada escapa al control del Gobierno. El hoy canciller Elías Jaua, ministro de Agricultura anteriormente, calculaba en 7 millones de hectáreas las intervenidas por el Gobierno. El control de los precios por parte del Gobierno ha hecho que en algunos momentos los precios de algunos productos se sitúen por debajo de su coste de producción. Esto genera, inevitablemente, escasez.

La caída del Gobierno y del régimen chavista representado ahora por Nicolás Maduro puede venir por una situación explosiva en el mercado de alimentos. La escasez de alimentos puede provocar lo que no ha sucedido hasta ahora: un estallido social que se lleve por delante al régimen bolivariano de Venezuela. Ya no está el lider máximo y fundador Hugo Chávez. Ahora está al mando un conductor del régimen, Nicolás Maduro.

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