En 1990 y 1991 el Frente Islámico de Salvación, FIS, ganó las elecciones en Argelia y el Ejército impidió el acceso al poder del movimiento islamista iniciándose una cruenta guerra civil que dejó, aproximadamente, 100.000 muertos hasta 1999.  Esta semana en Egipto se han producido casi 1.000 muertos por los enfrentamientos entre los partidarios de los Hermanos Musulmanes y de su derrocado Presidente Mursi y el Ejército y la policía que respaldan al nuevo Gobierno tutelado por el mismo Ejército. Un paralelismo histórico que sigue una misma pauta: victoria en las elecciones de movimientos islamistas y el Ejército impide el acceso o ejercicio del poder a los islamistas.

Las sociedades musulmanas están muy lejos de ser democracias tal y como las conocemos en Occidente. El Ejército juega un papel primordial ejerciendo una tutela efectiva de la sociedad y los islamistas tratan de imponer su visión totalitaria del mundo. En su cabeza no cabe la separación entre Iglesia y Estado, religión y sociedad. El islam es un movimiento religioso que aspira al control total de la sociedad e imponer sus ideas, desde la discriminación activa de la mujer relegándola al papel de ser poco más que una animal de carga pasando por la negación de las libertades más básicas.

Entonces, ¿ por qué ganan las elecciones los islamistas?. Ésta es la cuestión fundamental. Hay que entender que estos países tienen un grado de desarrollo económico y tecnológico bastante inferior a Occidente y los islamistas han sabido aprovechar muy bien esta situación realizando una gran acción social entre los elementos más desfavorecidos de sus respectivas sociedades y, así, traducir esta labor asistencial en apoyo político. En unos países en los que el papel del Estado es bastante limitado para reducir la pobreza, esta labor social representa la mejor propaganda posible para los islamistas. Especialmente significativa es la acción de los Hermanos Musulmanes creando escuelas y centros médicos, repartiendo alimentos, otorgando subsidios y supliendo el papel del Estado durante la dictadura de Mubarak, especialmente corrupta en su gestión del poder.

La lucha en Egipto entre los Hermanos Musulmanes y el Estado no es nueva. Ha sido siempre así desde que se fundó el movimiento en 1928 por Hassan al-Banna. “El Corán es nuestra Constitución y Alá nuestro objetivo“. Éste era el lema fundacional. En las últimas elecciones con Mursi como candidato y posterior Presidente, el eslogan era: ” El Islam es la solución”. Ya en 1948 la Hermanda fue prohibida por el asesinato de un consejero y del propio primer ministro Al-Nuqrashi. Otro lider, Sayed Qutb, fue ejecutado por el Gobierno de Nasser, un militar. Su sucesor en el Gobierno fue Sadat, otro militar, que fue asesinado en octubre de 1981 durante un desfile por soldados simpatizantes de Gamaa  al-Islamiya, grupo terrorista escindido de los Hermanos Musulmanes. Mubarak los toleró durante su dictadura la mayor parte del tiempo pero fue arrastrado por la ola de la Primavera Árabe.

El dilema de Occidente es difícil de resolver. Se trata de elegir entre apoyar a dictaduras militares y gobiernos corruptos que contengan el avance de los islamistas o tratar de contemporizar con gobiernos islamistas cuya meta es la imposición de un gobierno teocrático con la Sharia como ley en una región en la que ya ejerce una enorme influencia el Irán de los ayatolas. El islamismo siempre tratará de imponer su política, tanto en sus países  de origen como en sus países y regiones de adopción, como Europa. Por citar solo un par ejemplos: la proliferación de la ablación del clítoris entre las niñas y mujeres es cada vez más frecuente en Europa y la denigración constante de las mujeres y el mensaje de odio que difunden los imanes en muchas Mezquitas. Por si fuera poco, el islamismo recurre sistemáticamente al terrorismo en los sitios en los que son minoría para alcanzar sus objetivos. Madrid, Londres y Paris pueden dar fe de ello. También lo hacen en los países musulmanes en los que existen diferencias entre la rama suní y la chií o cuándo consideran a su gobierno corrupto o impío. Nunca desistirán de ello. Al menos, mientras se pelean entre ellos seremos un objetivo secundario.

Sabemos cómo ha empezado la guerra civil en Egipto. Veremos dónde y cómo termina.

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