” Los trabajadores de todos los países han saludado con entusiasmo la acción libertadora del Ejército Rojo en el territorio del viejo Estado de

los terratenientes polacos. Ni un soldado, ni un solo español puede prestarse al juego infame de los gobiernos francés e inglés”

Éstas fueron las palabras de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, para celebrar la invasión de Polonia por parte de la Unión Soviética en su lado oriental, precedida en 15 días por la invasión del Ejército nazi de la otra mitad de Polonia derivados del pacto Ribbentrop-Molotov, hecho desencadenante del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

Se conmemora en el dia de hoy el aniversario del pacto entre la URSS y Alemania, entre los ministros de Exteriores Molotov y Ribbentrop. En definitiva, el pacto entre Hitler y Stalin. Seguramente, dos de los dictadores más sanguinarios que han existido a lo largo del siglo XX y aparentemente los últimos aliados que se podrían imaginar. El pacto supuso el punto de inflexión por el que dos ideologías tan distintas en los discursos, que no en el fondo, se asociaron para repartirse Europa y que fue el paso previo al estallido de la Segunda Guerra Mundial. Solo una semana después de la firma del pacto, Alemania invadió Polonia y dos semanas después la URSS completó la conquista de Polonia repartiéndosela con la Alemania nazi.

Molotova firma ante la atenta mirada de un Stalin muy sonriente y Ribbentrop a su lado

Molotova firma ante la atenta mirada de un Stalin muy sonriente y Ribbentrop a su lado

El pacto fue presentado como un tratado de no agresión entre las dos potencias con una vigencia de 10 años. Pero fue mucho más que eso. El acuerdo de Munich en 1938 entre las potencias europeas, Gran Bretaña y Francia, y Alemania entregó la región de los Sudetes a Hitler. Un acuerdo en el que no participó Stalin y que interpretó como un intento de que Alemania atacara en primer lugar a la Unión Soviética y la abocara a un enfrentamiento para el que sabía que no estaba preparado, debido a las purgas realizadas en su Ejército. Stalin reaccionó rápido. Sustituyó a su  prooccidental ministro de Exteriores Litvinov, partidario de una alianza con Gran Bretaña y Francia además de judío, por Molotov. A partir de ahí las prisas de Hitler por cerrar el acuerdo antes de atacar Polonia, facilitaron el acercamiento entre los dos dictadores. De esta forma, Stalin orientó a Hitler para que atacara antes en el Oeste, Francia, que a la URSS como hizo en Mayo de 1940 hundiendo al país en apenas un mes.

El acuerdo era sencillo. Por un lado existía una parte pública por la que ambos países se comprometían a no atacarse y no formar parte de alianzas enemigas además crear una serie de acuerdos comerciales y económicos por los que la Unión Soviética proporcionaba minerales y petróleo, indispensables para la maquinaria de guerra alemana. Pero lo más importante eran las claúsulas secretas. En ellas se reparten Polonia y dividen Europa en esferas de influencia que delimitaban las futuros países que iban a ocupar. Los Estados bálticos fueron de las primeras víctimas al pasar a engrosar los dominios de la Unión Soviética. Los efectos fueron rápidos. Polonia fue derrotada y ocupada. La Guerra estalló. Y los diversos partidos comunistas de Europa pasaron a defender el acuerdo entre el fascismo y el comunismo. Como antes llamaron socialfascistas a los socialistas hasta que Stalin impuso su idea de los Frentes Populares para contener al fascismo. Es decir: defender una política y luego la contaria para volver al origen.  Disciplinados y obedientes como era tradición en la militancia comunista. Los comunistas franceses se opusieron a prestar el servicio militar en una Guerra imperialista y sabotearon el esfuerzo bélico. Su secretario general, Maurice Thorez, desertó del Ejército y marchó a Moscú.v El Gobierno Daladier los ilegalizó por traidores. Luego sí, contribuyeron a crear la Resistencia. Pero solo cuando Hitler rompió el pacto con Stalin atancado a la Unión Soviética en junio de 1941 con la Operación Barbarroja.

El Partido Comunista español no fue menos en su obediencia. Obligados al exilio tras perder en la Guerra Civil ante Franco, tuvieron que sufrir la humillación de tener como nuevos aliados a sus antigüos enemigos. Pero lo hicieron bien. En 1938 Stalin decidió retirar a las Brigadas Internacionales de nuestra Guerra Civil como preludio a aun acercamiento con la Alemania Nazi. Dolores Ibárruri, la Pasionaria, proclamó que el inicio de la Segunda Guerra Mundial era una guerra imperialista entre Alemania y Francia/Gran Bretaña de la que había que estar apartados. En ese momento vivía como exiliada de lujo en Moscú bajo la protección de Stalin. Santiago Carrillo era en ese momento un dirigente de segunda fila, importante pero no de la cúpula. No se opuso a la firma del pacto nazi-soviético. Fue obediente y disciplinado. Los comunistas españoles exiliados en Fancia tenían la orden de no alistarse en el Ejército y no luchar contra Alemania. El dirigente comunista español Francisco Antón, pareja de Dolores Ibárruri, fue internado en Francia. Cuando Alemania venció a Francia, fue liberado por los alemanes y enviado a la URSS s través de Alemania con pasaporte diplomático. Ibárruri perdió a su hijo en la Batalla de Stalingrado. Ni eso le hizo cambiar de opinión.

Molotov y Ribbentrop

Molotov y Ribbentrop

El nazismo y el comunismo son dos caras de la misma moneda: dos ideologías totalitarias que buscaban el dominio absoluto de sus respectivas sociedades y su expansión internacional para incrementar su poder. Pero mientras el poder del nazismo quedó acotado a un período de tiempo relativamente breve, 12 años, el comunismo triunfó en la Segunda Guerra Mundial y dominó media Europa y expandió su ideología por el mundo con gran éxito hasta la década de los 90 con la caída del muro de Berlín. En algunas ocasiones se le llamó el Imperio Soviético, creo que con toda la razón del mundo. Su dominio de Europa estaba basado en la presencia del Ejército Rojo en los países que fue liberando en su avance hacia Berlín y en el miedo de Stalin a un posible resurgimiento de una Alemania agresiva y poderosa. Con ese fin, construyó toda una red de países satélites en Europa del Este que sirviera de freno a un posible futuro expansionismo alemán. Esos países pasaron del yugo alemán a la dictadura soviética. 50 años: casi nada. Posteriormente, se expandió más allá de Europa: América del Sur, Asia, África. Ningún continente quedaba al margen de sus intereses.

Incluso hoy en día, el comunismo nos sigue apareciendo una religión además de un movimiento político. Y sigue cosechando un tirón bastante apreciable incluso en nuestros días a pesar de todos los crímenes que conocemos hoy. Del nazismo, afortunadamente, quedan pocos simpatizantes en España y es un movimiento marginal. En cambio, el comunismo tiene parcelas de poder. Ciertamente, muy pocos comunistas apoyan explícitamente a la Unión Soviética y sus crímenes, al menos públicamente. Pero no deja de ser inquietante que, con el conocimiento que existe hoy en día, siga habiendo dirigentes que apoyen dictaduras actuales. No pasadas sino que perduran todavía hoy. Me refiero, principalmente. a la actitud de los comunistas españoles y su relación con Cuba. No se pueden seguir exigiendo responsabilidades por dictaduras pasadas y apoyar a dictaduras actuales. No hay ninguna dictadura buena. Ni de derechas ni de izquierdas. Pero es difícil luchar contra una religión como el comunismo. Es una cuestión de fe y está basada en las creencias, no en la razón.

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