La línea roja se ha traspasado. Obama puso como límite a una intervención armada internacional en Siria la utilización por parte del régimen sirio de su extenso arsenal de armas químicas contra su propia población. Ya no hay dudas de que el régimen de Bashar el Asad ha gaseado a su población civil, matando a civiles, incluidos mujeres y niños. Al igual que hizo Sadam Husein en Irak en los años 80 en la conocida matanza de Halabja. Ahora, la princpal duda es que tipo de intervención militar va a liderar el Premio Nobel de la Paz e ídolo de la progresía internacional. Porque el ataque a Siria va a existir, sin ningún género de duda: solo cabe saber cuando y como va a producirse. Bashar Asad ha seguido la tradición familiar iniciada por su padre Hafez el Asad de masacrar a us propio país. La matanza de Hama en 1982 como espejo en el que mirarse para matar a sus súbditos.

Siria no es Libia. La intervención aliada contra el régimen de Gadafi fue fácil de digerir debido a la falta de apoyo internacional con el que contaba el dictador libio. Nadie se opuso a la caída de Gadafi, patrocinador del terrorismo internacional en los 80 y vuelto al redil de la comunidad internacional tras la segunda Guerra de Irak. La composición de su país y la división en tribus y etnias locales tampoco le ayudó a resistir. Siria es distinto. Más de 90.000 muertos después, Estados Unidos parece dispuesta a liderar un ataque a Siria y enfrentarse, indirectamente a Irán. El régimen de los ayatolas es el principal aliado regional con el que cuenta Asad, a pesar de su histórico laicismo, sobre todo a través del grupo terrorista Hezbola( literalmente, Partido de Dios). Un ataque a Siria constituye un ataque indirecto a Irán, con el desarrollo de su programa nuclear y el enfrentamiento con Israel como telón de fondo. Si Siria es atacada, lo más probable es que ataque a su vez a Israel, ya sea directamente con sus misiles rusos o con acciones de Hezbola en Líbano. El dilema de Israel es importante: actuar como en la Guerra del Golfo y no responder a los misiles Scud iraquíes o responder directamente con un contraataque.

Los servicios de inteligencia occidentales llevan tiempo preparándose para cualquier acción militar en Siria.  La opción más probable de ataque es el lanzamiento de misiles TomaHawk desde portaaviones situados en el Mediterráneo y en el golfo Pérsico, como el Harry Truman, además de bases aéreas como las de Jordania desde las que pueden despegar sus aviones F-16. Los objetivos llevan meses identificándose. Los más evidentes son: centros de comunicaciones oficiales, depósitos de armas, centros de producción de armas químicas( principalmente en bunker), cuarteles del Ejército y del partido Baaz y rampas de lanzamiento de misiles. El mensaje debería ser claro: tratar de descabezar al régimen de Bashar Asad, destruir las comunicaciones internas, eliminar o disminuir su capacidad ofensiva así como enviar un aviso a otros regímenes, Irán y Corea del Norte principalmente, de que utilizar armas químicas o similares puede constituir un casus belli y eliminar estas armas, en lo posible, de la ecuación. La invasión terrestre está totalmente descartada. Obama no va a seguir los pasos de Bush. No se contempla, al menos de momento, que la intervención militar tenga como objetivo derribar al régimen sirio. Pero no hay que descartarlo. Tampoco se contemplaba eliminar a Gadafi y ya sabemos cómo acabó.

La otra opción, además de la intervención militar directa, sería armar y apoyar totalmente a los rebeldes sirios. Como se ha demostrado desde el inicio de la guerra civil siria, esta posibilidad no entusiasma a los lideres internacionales ya que la mayoría de las diversas organizaciones rebeldes  pertenecen a grupos aliados y simpatizantes de Al Qaeda. Una vez más, se trata de una elección imposible entre un régimen criminal que aniquila a su propia población y un grupo de terroristas que intentan imponer un régimen islámico totalitario. Como se ha señalado en muchas ocasiones, no hay democracia posible dentro de un régimen islamista.

En resumen. Habrá ataque a Siria. Más pronto que tarde. Será, posiblemente, un ataque puntual y breve que perseguirá castigar al régimen sirio por la utilización se armas químicas contra su población. A partir de ahí, un mar de dudas. La intervención militar contará con el apoyo de Gran Bretaña y Francia y la oposición de Rusia, importante suministro de armas a Siria y que teme perder el único puerto directo que tiene de salida al Mediterráneo, Tartus. De la ONU, esa ineficaz organización donde conviven democracias, dictaduras y autocracias, poco podemos esperar. El poder de veto de Rusia bloquea cualquier posibilidad de acción al oponerse, incluso, a la simple amonestación de Siria por la masacre de su población. Consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y la configuración de poder posterior. Pero la reacción más importante será la de la propia Siria e Irán. Si se sienten acorralados, no sabemos a ciencia cierta como reaccionarán. Posiblemente, con un ataque de represalia contra Israel con el objetivo de la venganza y sembrar el terror con sus organizaciones satélites como Hezbola y Hamas en Palestina.

Obama se ha encargado de repetir que no estamos ante una Segunda Guerra de Irak. A pesar de que no contará con el respaldo expreso de la ONU, si tendrá el apoyo de Arabia Saudí, Turquía( con sus importantes bases de la OTAN) y Qatar dentro del mundo musulmán. La Liga Árabe no se opondrá formalmente. Si el ataque no termina con las matanzas o con el régimen, Bashar el Asad, Hezbolá e Irán saldrán reforzados y aumentarán su poder. Si triunfa y se provoca un cambio de régimen, grupos cercanos a Al Qaeda alcanzarán el poder.

Eso sí. Estoy deseando ver a Javier Bardem megáfono en mano protestando contra la intervención en Siria. Ah no. Que ya no está Bush.

Y no me resisto a terminar recordando la visita de Bashar el Asad a Córdoba en 2001 para visitar la exposición de los Omeyas acompañado por los Reyes. Atendimos muy bien a un futuro criminal.

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