Griñán dejó ayer de ser Presidente de la Junta. Como ya avanzamos hace unas semanas se trata de una marcha y dimisión a medias. No es total. Abandona su cargo por su implicación como consejero de Hacienda y Presidente de la Junta en el escándalo de los ERES, ( al final lo reconoció ayer tras pasarse agosto negándolo) y su más que probable imputación al final del proceso. De momento, no deja sus cargos de Presidente del PSOE, secretario general del PSOE andaluz ni el escaño de diputado en el Parlamento andaluz que le servirá para alcanzar un puesto de senador.  La excusa de los problemas familiares y personales parece que no le ha influido mucho para tomar la decisión de irse a Madrid como senador y pasar muchos días fuera de Andalucía. Al final, no ha podido huir de la realidad.

A partir de ahora veremos lo más interesante del proceso, aparte de su camino judicial. Griñán sucedió a Manuel Chaves como Presidente de la Junta de Andalucía al irse como Vicepresidente de Zapatero, pero Chaves se reservó el cargo de secretario general del PSOE andaluz intentando, de esa manera, seguir controlando el PSOE andaluz a distancia. Griñán forzó la renuncia de Chaves para controlar el partido y el Gobierno andaluz sin interferencias y ahí se acabaron las tardes familiares en el cine y la amistad de largos años entre los matrimonios Chaves-Griñán. Ahora, ocurre lo mismo. La presidenta de la Junta será Susana Díaz, con los votos de IU, y el secretario general sigue siendo Griñán. Veremos por cuánto tiempo porque Susana Díaz aspira al control total del PSOE andaluz y no permitirá que se le dispute el liderazgo regional, ni por parte de Griñán ni por nadie. Su apoyo a Chacón en el último Congreso Federal supone un riesgo más para el liderazgo de Rubalcaba.

A la elección digital de Susana Díaz le sucederán cambios en el Gobierno andaluz. Una salida es segura. La del consejero de Agricultura Luis Planas que intentó postularse a las fallidas primarias de Julio pero que no consiguió los avales necesarios para presentarse. Ya anunció que dimitiría cuando lo hiciera Griñán. Buena decisión porque si no sería Susana Díaz quién prescindiría de él. Las otras salidas más previsibles son dos: la consejera de Hacienda Carmen Martínez Aguayo y el consejero de Economía Antonio Ávila. El caso más evidente es el de Martínez Aguayo, persona de la mayor confianza de Griñán y muy señalada en la trama fraudulenta de los ERES al reconocer que fue ella, cuando era vicenconsejera de Hacienda con Griñan de jefe, quién recibió los informes de la Intervención General que alertaban sobre las irregularidades y fraudes que se estaban cometiendo y que no motivaron ningún tipo de investigación ni alertó a Griñán. Por su parte, Antonio Ávila era secretario general de Hacienda en los años en que funcionó la trama. La supervivencia política de las personas de confianza de Griñán dependerá del pacto al que hayan llegado en privado Susana Díaz y Griñán. Si la nueva Presidenta opta por una limpieza rápida, saldrán inmediatamente y significará que tratará de lograr el poder del PSOE andaluz rápidamente. Si salen más tarde, habrá un traspaso de poderes ordenado en el partido. Tampoco se da por segura la continuidad de Mar Moreno.  Y si apostaría por la vuelta de Micaela Navarro.

Mi escaño es mío”. Así respondió ayer Griñán a las preguntas de si pensaba dimitir también de su escaño. El tan cacareado relevo generacional que esgrimió como una de las razones para dimitir se ve que solo alcanza a la Presidencia de la Junta. Aunque eso no le impidió acceder a la Presidencia de la Junta con más de 65 años. Es un relevo limitado desde el que tratará de controlar a su sucesora, si ésta se deja, y blindarse con su aforamiento de cara a su imputación judicial. No llegará Griñán solo a Madrid. Mario Jiménez desembarcará, probablemente, también como senador y tratará de posicionarse en el PSOE federal a medio plazo. No necesariamente como lider del PSOE, lo cual se antoja difícil. Pero si como jefe de la federación socialista más importante en número de afiliados, la andaluza, y tratar de condicionar la política interna del partido sea quién sea el próximo dirigente del partido. La jugada de Griñán es muy clara. Colocar a uno de sus hijos políticos en la Presidencia de la Junta, Susana Díaz, y al otro, Mario Jiménez, en la dirección federal del PSOE. Ninguno de los dos ha trabajado fuera de la política. Son políticos profesionales.

El Gobierno de coalición con Izquierda Unida no sufrirá ningún cambio con la nueva Presidenta. Es más, puede salir reforzado. Su perfil de izquierdismo clásico le aleja más de la vieja guardia del partido y le acerca al comunismo de Izquierda Unida. Convivirá con ellos sin ningún tipo de problema. La única variable que puede perturbar las relaciones es la posibilidad de que Susana Díaz decida adelantar las elecciones autonómicas ante la total pérdida de rumbo, liderazgo y de ideas del Partido Popular andaluz. En ese caso, Izquierda Unida se convirtiría en Gobierno y oposición al mismo tiempo tratando de aumentar lo máximo posible sus escaños, lo cual tiene al alcance de la mano.

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