Consumado el fracaso de la visita de los inspectores de la ONU a Siria, para investigar el ataque con armas químicas del régimen de Bashar el Asad contra su propia población, y el veto a cualquier acción militar o diplomática por parte de Rusia, lo único que queda es esperar dos cosas:

– La primera es el tipo de ataque que va a emplear Estados Unidos y el Premio Nobel de la Paz 2009 como represalia por la masacre química del pasado 21 de Agosto. Será una acción militar limitada y breve que tratará de descabezar a los dirigentes del régimen y provocar, al mismo tiempo, una oleada de deserciones en el ejército sirio. Este ataque puede resultar contrapoducente. El colapso del régimen sirio lleva implícito la subida al poder de una dispersa coalición de fuerzas opositoras lideradas por grupos vinculados a redes terroristas como Al Qaeda. Las experiencias más cercanas de una campaña militar áerea sin apenas presencia militar terrestre no invitan al optimismo. La campaña en Libia que supuso la caída y muerte de Gadafi y la guerra en Afganistán tras el 11-S dónde contaba con la Alianza del Norte sobre el terreno para luchar contra los talibanes.

– La segunda es la actitud de Siria. En los últimos dias se han detectado movimientos de tropas y misiles no se sabe si con el objetivo de emplearlos en un ataque de represalia contra Israel o, simplemente, para escapar de los misiles norteamericanos y ponerlos a salvo. Siria, también, puede optar por atacar a Israel a través del grupo terrorista Hezbolá en el Libano y lograr una extensión del conflicto con el apoyo de Irán.

La salida de los inspectores de la ONU marca la cuenta atrás para el inicio del ataque, que puede ser cuestión de horas. El dilema entre no hacer nada e intervenir militarmente parece que Obama ya lo resolvió hace tiempo tras el uso de armas químicas por parte de la dictadura siria. Ni siquiera el rechazo del Parlamento británico a una acción sin mandato de la ONU, alterará el plan de ataque. El informe presentado por John Kerry, secretario de Estado norteamericano, aclara las dudas de la Administración norteamericana respecto a la autoría del ataque que mató a 1.426 personas, incluidos 426 niños. Entre las pruebas que esgrimen destacan fotos y videos, declaraciones de testigos, conversaciones interceptadas entre mandos militares e, indirectamente, la zona del ataque que estaba bajo control rebelde supone una cierta garantía de que la masacre fue perpretada por el régimen.

Por otra parte, Obama teme el precedente de la Guerra de Irak. Las armas químicas iraquíes nunca llegaron a encontrarse, aunque existieron en el pasado. Pero Siria ya las ha utilizado en varias ocasiones contra su población y cuenta con el cuarto arsenal del mundo de este tipo de armas. Es un misterio por qué el régimen de Bashar el Asad las ha utilizado, si se confirma, ya que obliga a Estados Unidos a una respuesta militar. Lo que Obama pretende evitar con una intervención aliada es empeorar aún más la situación en una zona extremdadamente delicada del mundo como es Oriente Próximo. No hacer nada en el caso sirio es una invitación a tener carta blanca hacia otros países como Irán o Corea del Norte, algo que se quiere evitar a toda costa.

Por último, está España. No vamos a intervenir de forma directa en la ofensiva pero podemos vernos metido de lleno en el conflicto debido a la presencia de tropas españolas en Libano. Una de las variables es la actuación del grupo terrorista Hezbolá y un previsible contagio de la guerra al Libano, hasta hace poco un país totalmente controlado por Siria. Sin ir más lejos, en las últimas semanas se han producio varios atentados en Beirut provocando más de 60 muertos. Las tropas ya están en alerta y la seguridad reforzada esperando las reacciones a la acción militar de Estados Unidos.

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