Hace 4 días murió Rochus Misch. Su nombre no indica nada pero fue una de las últimas personas que vio a Hitler en el bunker de Berlín bajo la cancillería y la última persona que quedaba viva y que protagonizó los últimos dias del III Reich alemán junto a Hitler y sus ayudantes más cercanos. El avance soviético y la batalla de Berlín confinaron a Hitler en su último reducto de poder desde dónde deliraba intentando ganar una guerra que ya tenía perdida, moviendo tropas sobre el mapa que ya no existían y continuando con el sufrimiento del pueblo alemán.

No fue Rochus Misch un actor ni protagonista destacado en la Segunda Guerra Mundial. Participó en la invasión de Polonia por el Ejército alemán en septiembre de 1939  dónde fue herido y de ahí pasó a formar parte de la Guardia personal de Hitler hasta el final de la Guerra y la muerte de Hitler. Su presencia en el bunker es lo que le confiere trascendencia histórica. Allí ofició como enlace, operador de radio y guardaespaldas personal del Führer hasta su caída. Oficial de las SS, tras la derrota alemana y la muerte del dictador alemán es apresado por los soviéticos y encarcelado en Siberia hasta 1955 en la que vuelve a Alemania dónde vivió hasta la actualidad. Supo sacar provecho de su vida al escribir el libro Yo fui guardaespaldas de Hitler, de cuyos derechos vivió hasta el final. La paranoia de Stalin, que creía que Hitler escapó de Berlín y se fugó a Sudamérica, hizo que se organizara una investigación especial, Operación Mito, para aclarar si uno de los cuerpos incinerados encontrados en el bunker era el de su antigüo aliado Hitler. La unidad Smersh fue la encargada de la investigación y llegó a la conclusión de que Hitler murió en el bunker.

No fue el único que se suicidó en el bunker. Con él murió Eva Braun, convertida en las últimas horas en su esposa. También murió la familia Gobbels al completo. El ministro de Propaganda Joseph Gobbels, su mujer Magda y sus seis hijos, asesinados por su madre con veneno. La idea de la sumisión de la familia Gobbels a Hitler la da que todos los nombres de sus hijos empezaban por la letra inicial de Hitler, H, y qué Magda decidió matar a sus hijos porque, según ella,  no había ninguna esperanza de vivir si Hitler y el III Reich eran derrotados.

Como decíamos nunca fue un protagonista de la Guerra ni del régimen nazi. Simplemente fue un soldado encargado de la seguridad y vida cotidiana de Hitler que tuvo la suerte o desgracia de estar en el momento final de la Guerra en el sitio más destacado y especial por su trascendencia. Y no solo en el bunker, también formó parte de la vida de Hitler en el Berghof, su lugar preferido de descanso y dónde decía que fue inmensamente feliz. En las exequias de un régimen criminal, encerrado bajo tierra con Hitler y tratando de escapar del Ejército Rojo tras el suicidio de éste. Sin éxito. Nunca renegó de Hitler. Como nunca reconoció el holocausto ni haber tenido conocimiento de él. La cercanía al criminal no hace conocer sus crímenes. Ni siquiera su propia hija quiso volver a verlo más y su otro hijo estudió en una escuela judía. Cosas de la vida.

La ceremonia de la muerte de Hitler fue trágica. Y patética. Encargó al coronel de las SS Otto Gunsche que una vez que se suicidaran él y Eva Braun debería incinerar sus cuerpos para que no fueran exhibidos como trofeo de guerra, particularmente de Stalin. Incluso muerto, Hitler seguía mandando y sus órdenes fueron obedecidas al pie de la letra. Su cuerpo, irreconocible, tuvo que ser identificado gracias a las piezas dentales que conservaba su dentista. Aún así, Stalin propagó la idea de que Hitler escapó, principalmente para entretener a los servicios de inteligencia occidentales y que no le estorbaran en sus planes de anexión de toda la Europa central y oriental. Tanto éxito tuvo, que todavía hay muchos idiotas y aprovechados profesionales que siguen diciendo que Hitler huyó de Alemania y vivió en Argentina hasta bien entrados los años 60. Parecen olvidar dos detalles: el primero es la salud de Hitler. Hasta sus propios médicos le daban muy poca esperanza de vida y se mantenía en pie gracias al consumo de 20 pastillas diarias. Y el segundo: un lider tan autoritario y egocéntrico jamás se hubiera negado a permanecer oculto si hubiera escapado. Lo habría pregonado a los cuatro vientos.

Con la muerte de Rochus Misch, desaparece la última persona que quedaba viva del aquelarre final del nazismo en Berlín y la caída de toda Alemania tras ellos. El tiempo es inexorable, también para los criminales y sus admiradores. Aunque solo fueran sus guardaespaldas.

Anuncios