Durante la negociación con ETA del Gobierno de Zapatero había dos hojas de ruta distintas. Por un lado estaba la negociación política, que aprovechó los contactos previos de Jesús Eguiguren con Arnaldo Otegi cuándo ETA mataba a miembros del PSOE y PP, y en la que se discutían aspectos como el futuro de la autonomía vasca y el regreso de ETA y la izquierda abertzale a las instituciones públicas derogando o dejando de aplicar la Ley de Partidos. Y lo consigueron: gracias al Tribunal Constitucional que permitió a los terroristas presentarse a las elecciones en contra de la decisión del Tribunal Supremo. Por eso, gobiernan en gran parte de Guipúzcoa, incluida San Sebastián y su Diputación, y con una importante representación en Álava y Vizcaya. Por otro lado tenía lugar una negociación llamada técnica que buscaba el encaje futuro de los presos de ETA y su posible salida de la cárcel, ya sea mediante la concesión de excarcelaciones a presos enfermos( o no tan enfermos) o con la relajación de la política penitenciaria. Aquí jugó un papel fundamental el debate de la Doctrina Parot, que ETA buscaba eliminar y conseguir sacar así de la cárcel a sus presos más antiguös y sanguinarios.

Las actas incautadas en la detención del etarra Thierry en Francia demuestran que ésta fue una de las exigencias de ETA al Gobierno en la persona del negociador  Javier Gómez Benítez, abogado defensor y amigo de Baltasar Garzón y vocal del Consejo General del Poder Judicial.

La etarra Inés del Río fue condenada a 3.828 años por 24 asesinatos y 100 tentativas más. Ha pasado 25 años en prisión. Poco más de un año por cada asesinato. Muy barato. Sobre todo viendo su sonsrisa ayer al salir de prisión. Ha sido su recurso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, TEDH, el que ha permitido la derogación de la doctrina Parot. Esta doctrina consistía en que los beneficios penitenciarios de los presos debían restarse del total de la pena impuesta y no del tiempo máximo que podía estarse en prisión, 30 años, como venía sucediendo con la aplicación del Código Penal de 1973. Parece de broma, pero no lo es, que estos asesinos se beneficien precisamente de un Código vigente en la dictadura y que no fue sustituido por otro hasta 1995 con Belloch de Ministro( y que tampoco corrigió el cumplimiento de las penas del Código elaborado en la dictadura de Franco).

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Un papel fundamental ha jugado en la decisión del TEDH de dejar libre a la etarra Inés del río el magistrado español Luis López Guerra. Lo primero que habría que decir de él es que no juez sino jurista como catedrático de Derecho Constitucional que es. Fue Vicepresidente del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial entre 1996 y 2001. En su trayectoria reciente, ha apoyado decisiones que han supuesto favorecer intereses de presos etarras de diversas maneras. Miembro del Tribunal de Estrasburgo, López Guerra dió la razón al etarra Arnaldo Otegi cuándo llamó al Rey, Jefe de los torturadores. En contra de lo que parece, no es solo un insulto al Rey, sino al conjunto de españoles. Siempre tuvo muy clara su vena política Luis López Guerra. Por eso se presentó a las elecciones autonómicas de Madrid en 2004 como número 3 de la lista de Simancas, el año del tamayazo. Visto que no podría prosperar ante la mayoría bsoluta del PP y Esperanza Aguirre pasó a ser secretario de Estado de justicia en el Gobierno Zapatero al ganar éste las elecciones.

Y no fue un paso intrascendente ya que durante su paso por el Ministerio, hasta 2007, se encontró en medio del meollo de la negociación política con ETA. Eso sí, siempre entre bambalinas. Siempre sin dar la cara. En el año 2007, el Gobierno lo envía como miembro español al Tribunal Europeo de Derechos humanos, con plaza hasta 2016. Y es en ese momento cuándo la etarra Inés del Río presenta su recurso al Tribunal Europeo. Casualidades de la vida. Por las informaciones que han ido apareciendo, López Guerra ha sido uno de los adalides de la supresión de la doctrina Parrot con su voto a favor. Otro indicio de su catadura moral es que no se haya inhibido en una decisión contraria al Gobierno de su país, de cuya estructura ha formado parte como secretario de Estado. Por si fuera poco, el fallo del Tribunal de Estrasburgo otorga una recompensa de 30.000 euros para Inés del Río. No se le pagarán debido a que no ha pagado nada por sus crímenes a sus víctimas.

La decisión se basa, principalmente, en la retroactividad de la pena impuesta a los etarras. Lo cual es mentira ya que la pena no se ha modificado con la doctrina Parot sino, simplemente, la forma de obtener beneficios penitenciarios. Nuestra Constitución prohíbe la retroactividad de las penas, salvo que puedan beneficiar al condenado. Y no la hemos incumplido. En Francia, Austria, Alemania y Gran Bretaña existe la cadena perpetua, pero en España no. Puede ser un buen momento para plantearla.

Y no solo etarras. También pueden verse afectados por la derogación de la doctrina Parot conocidos asesinos como Miguel Ricart, crimen de Alcasser, conocidos narcotraficantes como los Charlines o Laureano Oubiña así como violadores en serie. Ésta es, por llamarla de alguna manera, la cara “positiva” del final de la doctrina Parot. Poner al mismo nivel a los etarras y a violadores y otros asesinos como lo que realmente son: delincuentes comunes con sed de sangre y sin escrúpulos.  Pero no se trata solo una derrota política la que hemos sufrido con esta excarcelación. Es una derrota moral de toda la sociedad, incapaz de tener castigos adecuados para los grandes criminales como se tiene en otros países de nuestro entorno. Lo peor, la soledad de las víctimas. Ellas si que cumplen la condena íntegra de no poder ver a sus seres queridos.

El papelón del Tribunal Europeo de Derechos “supuestos” Humanos es de órdago. La misma Europa que celebró los Juicios de Nuremberg y que estableció que los crímenes contra la Humanidad no prescriben llena de vergüenza la Justicia Europea. Siguiendo su razonamiento, tampoco se podría haber juzgado y condenado a los líderes nazis tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial porque en el momento de cometer sus crímenes, éstos no estaban todavía tipificados como tales porque no existían.

Vergüenza debería darles. Y primero, al señor Luis López Guerra.

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