Entre la vorágine de acontecimientos y declaraciones derivadas del proceso soberanista y secesionista que se vive en Cataluña, me ha llamado mucho la atención un artículo del pasado 24 de Octubre de Francisco Frutos, exsecretario general del Partido Comunista de España y excoordinador general de Izquierda Unida. Llamativo, en primer lugar por de donde provienen las afirmaciones. Y en segundo lugar, por la claridad de sus argumentos. En España, tradicionalmente, la izquierda ha estado muy vinculada con el nacionalismo. Desde el pacto de San Sebastián previo a la Segunda República o los acuerdos puntuales en el exilio. Pero desde hace bastantes años lo que existe es una alianza de facto entre izquierda y nacionalismo, confundiéndose cada vez más entre ellos sin apenas diferenciarse. El artículo se titula Cataluña, el nacionalismo, el independentismo y la izquierda. Destacamos algunas de las afirmaciones realizadas por él:

– “El papel de la izquierda catalana es subsidiario del nacionalismo, por no decir, servil a éste“. Totalmente cierto. Hace tiempo que la izquierda catalana dejó de lado cualquier defensa de una política alternativa al nacionalismo, dejando huérfano a su electorado natural. Ya hemos hablado aquí de la deriva nacionalista del PSC, que le ha costado más de la mitad de sus votos y escaños desde su alianza clara y directa con el nacionalismo, primero a través del tripartito con ERC e Iniciativa y luego con su apoyo al derecho a decidir. Pero tampoco debemos olvidar el papel de Iniciativa, heredera del PSUC, Partido Comunista Catalán en el que empezó su andadura Paco Frutos, y su abrazo de una política nacionalista y “ecologista” después de la caída del muro de Berlín, en analogía a lo que representa Izquierda Unida a nivel nacional. Eso sí, tirándose los trastos a la cabeza numerosas veces.

– “El nacionalismo es una reacción del mundo más rural y primitivo frente al desarrollo. Es un sentimiento que recoge lo más primario de la sociedad rural, sea en el plano económico, social o religioso. Una especie de nueva fe, que arranca de la vieja superstición y se convierte en un sentido colectivo. que no tiene ninguna necesidad de elaboración política, intelectual o teórica”.  En el nacionalismo priman los sentimientos por encima de las razones. No ennuestros nacionalismos sino entodos. Por eso es tan difícil derrotar racionalmente los sentimientos nacionalistas. Están hondamente arraigados en las personas. Es como una religión dogmática, a los hechos se contraponen las creeencias y es casi imposible luchar contra una creencia.

– “Parece extraño que estas sandeces puedan ser creídas y seguidas por alguien mínimamente documentado, pero lo son porque evitan el engorro de pensar, señalan a un enemigo fácil de satanizar“. Acertado también. Una característica fundamental de cualquier nacionalismo es señalar a un enemigo interno como extranjero y satanizarlo, despojándolo de toda dignidad por el hecho de ser, a sus ojos, “un extranjero”.

– “Las direcciones del PCE y de IU deberían haber actuado hace tiempo de otra manera a como lo han hecho y no repitiendo viejas y vacías consignas sobre el derech ode autodeterminación, fuera del contexto histórico en que fueron pronunciadas y erráticas en la definición de los sujetos que sutentan este derecho”. Una autocrítica feroz a la dirección de su partido que ha gobernado y se ha apoyado constantemente con partidos nacionalistas, de izquierdas y derechas, para poder gobernar. Solo recordar que Javier Madrazo fue consejero en el País Vasco en un Gobierno con el PNV y su histórica, por catastrófica, aportación al tripartito catalán.

Ciertamente, otras de sus expresiones al disculpar la dictadura soviética en sus políticas criminales con los Estados Bálticos y quejarse de que se han erigido estatuas para conmemorar a supuestos aliados de los nazis en esos Estados. Se olvida de que la URSS y Alemania fueron alidos al principio de la Segunda Guerra Mundial. Pero qué le vamos a hacer. Nadie es perfecto. En cualquier caso, no deja de ser verdad gran parte de lo que dice y merecía la pena destacarlo a pesar de la trayectoria de su partido en algunas cosas de las que denuncia, y en otras de las que no habla. Hay que destacarlo porque no es el discurso oficial de la izquierda ni representa lo políticamente correcto, lo cual es extraño en una persona como Francisco Frutos cuya última actuación relevante en la política nacional fue el fallido pacto entre PSOE, con Joaquín Almunia a la cabeza, e Izquierda Unida en las Elecciones de Marzo del 2000 que supusieron la primera mayoría absoluta del PP en la figura de José María Aznar.

La izquierda trató de ser internacionalista en sus orígenes pero esas esperanzas se vinieron abajo con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el posicionamiento mayoritario del SPD y los trabajadores alemanes con el Kaiser y los franceses con su país. A partir de ahí, adiós al internacionalismo.

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