La Justicia ha declarado nulo el ERE con el que el Gobierno Valenciano pretendía reducir la plantilla en 1176 personas, dejando la plantilla en alrededor de 400 personas. Una reducción del 76% en una cadena con 1.000 millones de euros de deuda acumulada. . Una cifra monstruosa. Como igualmente dramático es el volumen de nuestras televisiones públicas autonómicas, tanto de personal como de gastos. Unas televisiones autonómicas concebidas como aparatos de propaganda al servicio de sus respectivos gobiernos que lo único que han hecho es engordar las abultadas cuentas y deudas de unas Comunidades que juegan cada una a ejercer como reinos de taifas dentro del sistema autonómico español. Las televisiones autonómicas se han convertido en un agujero negro que desangran los recursos públicos que deberían dedicarse a otras cosas más importantes y en un ejemplo de manipulación para servir a sus dirigentes. Todas: sin excepción. Pero claro: la tele es la tele. Sirve para entretener, mantenernos ocupados y casi nadie protesta por su despilfarro. Tanto protestar por los recortes, y el pozo sin fondo de las Televisiones Autonómicas apenas encontraba resistencia a su descalabro.

En España hay 13 Corporaciones autonómicas porque hay Comunidades que no tienen TV autonómica, como Navarra, La Rioja, Cantabria y Castilla León. Pero claro, hay otras como la Corporación Catalana que han llegado a tener hasta 6 cadenas. Claro que la independencia es muy cara. Lo que debería escandalizar a la población no es que se cierre una Televisión autonómica como Canal 9 sino que todas las demás, instrumentos de manipulación y auténticos pozos sin fondo de derroche y enchufismo, sigan abiertas.

Para los que se pregunten por qué cierra Canal 9, solo algunos datos sobre su despilfarro y mala gestión: 460 millones de euros en 10 años en derechos de fútbol. A saber: 204 al Valencia, 152 al Villarreal y 27 al Levante, entre otros. Y solamente ingresaron 224: pérdidas por este concepto de 236 millones de euros. 800.000 euros por los derechos de explotación de la mascota del Villarreal y 1 millón de euros por el Trofeo Cerámica. No, no protestaron los sindicatos que gracias a su denuncia del ERES consiguen que cierre la TV en lugar de quedarse con 400 empleados. Otros 15 millones de euros por el Open Valencia de Tenis, entre 2009 y 2013. Y qué decir de Pedro García, ex Jefe de Prensa de Camps y director general posteriormente de la Radio Televisión Valenciana, tan vinculado a los cabecillas de Gurtel y receptor de numerosos regalos, totalmente desinteresados eso sí y por los que está imputado.

Dejando a un lado a RTVE( 4100 empleados aproximadamente), las cadenas privadas como Antena 3 y Telecinco no alcanzan los 1000 empleados cada una. Solamente TV3 tiene casi 3000 empleados y en 2007 el Gobierno catalán asumió 1.000 millones de euros de deuda heredados de la éopca de Jordi Pujol. La construcción nacional es muy cara pero TV3 no nos roba. Es Madrid. El conjunto de las Televisiones autonómicas españolas cuenta con casi 10.000 trabajadores, casi el doble que las tres grandes cadenas de ámbito nacional. Más ejemplos: Canal Sur cuenta con  1700 empleados( su exdirector pasó directamente a portavoz de la Junta de Andalucía), Telemadrid 1200, la Televisión Vasca, 1000. Y Galicia, TVG, 1100. ¿Quieren más?. Pues todo el despilfarro de los entes autonómicos es para conseguir un mísero 10% de audiencia. Sufragado por el dinero de nuestros impuestos, por supuesto.

El error de todos estos años de alegrías presupuestarias de las Televisiones autonómicas hay que buscarlo en mediados los años 90. Fue ahí cuando se inició una escalada que solo se ha detenido obligados por las circunstancias de la crisis económica. Y aún así, le ha costado un mundo a los dirigentes políticos disminuir el grifo en forma de subvenciones. Porque ante el descenso alarmante de la publicidad, el mantenimiento de los entes autonómicos ha venido en su mayor parte de ingresos provenientes de los Gobiernos Autonómicos. Solo en 2013, 1.000 millones de euros. Un escándalo.

En el caso de la Televisión Valenciana hay dos responsables muy claros. Eduardo Zaplana y Francisco Camps. Los dos expresidentes de la Generalitat Valenciana. Bajo el mandato de Zaplana empezó a inflarse el gasto y el personal de la TV regional y Camps siguió con el mismo plan. Y ambos con el mismo objetivo. Utilizar la TV como trampolín político de sus intereses en vistas al salto a la política nacional. No deja de ser curioso que acabando enfrentados política y personalmente, siguieran un mismo plan respecto al uso de su TV particular. Pero como el dinero público no es de nadie, Carmen Calvo dixit, miel sobre hojuelas.

La solución evidente sería privatizar todas la cadenas autonómicas, o simplemente no reemplazarlas. Eliminar estos costes inasumibles y dejar a los empresas privadas que arriesguen su dinero dejando libertad para poder crear televisiones, sin necesidad de pasar por el preceptivo filtro político en forma de concesión administrativa. No creo que veamos a la clase política renunciado a este poder. Pero como estos organismos autonómicos han sido creados por ley, solamente pueden dejar de existir mediante otra ley. O dejándolo morir por la vía de la falta de ingresos.  Es decir: dejamos en las manos de quienes han creado este problema su posible solución. Y si no hay nadie dispuesto a arriesgar su dinero y acudir a la privatización, no se extrañen. Teniendo en cuenta el estado ruinoso de estas cadenas, sería lo normal.

El comunicado de la Generalitat Valenciana  presidida por Alberto Fabra dice lo siguiente: ” se hace inviable aguantar los costes de readmitir a 1000 empleados por lo que se procede a la supresión del servicio público de la radio y televisión de ámbito autonómico”. Totalmente cierto. Lo que no dice es que esa imposibilidad de soportar el coste es por que se ha inflado el gasto y el personal de una televisión de ámbito regional por encima de lo que cuestan las cadenas de ámbito nacional. Ése es el quid de la cuestión. Despilfarro, incompetencia y gestión política. Todo unido. Cajas de Ahorros en versión audiovisual. ¿ Cuál será la siguiente?.

Anuncios