El aquelarre nacionalista de los expresos de ETA recientemente liberados contó con una intervención que los asesinos( ni  casi nadie) esperaba. No se podía esperar de los presos de ETA nada parecido a una condena del terror por ellos producido a lo largo de todos estos años. Ni una petición de perdón tampoco. El pensamiento Alicia lo dejamos para otros. Lo que si podíamos esperar era una actuación de los poderes públicos para prohibir un acto de este tipo en el que se humilla a las víctimas. Nada se podía esperar de la Ertaizna, así que la mirada había que dirigirla hacia los jueces y la fiscalía. Tampoco hicieron nada. No se prohibió el acto argumentando que no había nada ilegal en el acto y el juez Santiago Pedraz( como muchos periodistas) decía que no se puede restringir un derecho fundamental y que no se pueden prohibir pensamientos ni conductas a priori. Claro que se puede. ETA es una banda terrorista que, aunque no mate en estos momentos, sigue existiendo. No ha renunciado a sus objetivos ni ha entregado sus armas y explosivos. La apología del terrorismo está tipificada en el Código Penal y España no es una isla en este sentido. Alemania castiga la negación del holocausto judío y la difusión del pensamiento nazi.

Ya que los poderes públicos parece que son insensibles para prohibir este tipo de actos, el valor y la valentía la tuvo que poner un periodista, Cake Minuesa. Porque tuvo mucho valor lo que hizo: en territorio hostil recriminó a los asesinos el dolor causado y que no tuvieran la hombría de pedir perdón. Un amigo de los asesinos le sugirió que se fuera al circo. bueno, al menos no hicieron lo que han hecho durante 40 años: silenciar a los que no piensan como ellos. Como es un periodista de Intereconomía, no faltarán los que dirán que es un facha y lindezas parecidas. Me da igual. Fue un acto de coraje enorme que poca gente sería capaz de hacer. Bravo Cake Minuesa. Solo con ver las miradas atónitas de los etarras de que alguien se atreviera a recriminarles sus asesinatos a la cara me vale.

Muchas personas creen que ningún pensamiento debe ser prohibido. Que todas las ideas son defendibles si no se hace con violencia o coacciones. Nada más lejos de la realidad. En su reunión celebrada en un matadero de Durango( querrían sentirse como en casa), los etarras liberados al amparo del fin de la Doctrina Parot no se arrepintieron de nada y llamaron a sus casi 1.000 asesinatos “lucha por la libertad política y social de nuestro pueblo”. Hay pensamientos e ideologías que merecen ser prohibidas y perseguidas. Sobre todo las que buscan la aniquilación del adversario o del que no piensa como tú.  Cuando el juez Santiago Pedraz termine de peinarse, podrá actuar a posteriori si le apetece.

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