La independencia tiene un precio. Eso es algo que experimentó en su vida Manu Leguineche, un maestro de periodistas. Su voluntad de independencia personal y profesional, su honradez y su generosidad le llevaron a rechazar puestos importantes en empresas de comunicación por los que otros hubieran matado y renunciado a sus principios. Rechazó, sin ir más lejos, el puesto de Jefe de Informativos de TVE con Pilar Miró. Todo un acierto. Hubiera sido muy triste que acabara como un Alfredo Urdaci o una María Antonia Iglesias cualquiera. Si en España hablan bien de ti personas tan dispares como Maruja Torres y David Gistau es que tienes que haber sido buena persona, quizás demasiada. Su gran amigo, y casi un hijo profesional, Gervasio Sánchez resumía perefectamente la personalidad de Manu:” Era la esencia del periodismo independiente de este país“.

Murió Manu Leguineche ayer. De forma discreta, tras una larga enfermedad y dejando atrás una apoplejía que mermó mucho sus facultades en los últimos años. En España empezó a destacar como reportero de guerra y es considerado el maestro de los periodistas de guerra, junto con Enrique Meneses, también recientemente fallecido. Empezó trabajando en Bilbao en el diario Gran Vía y de ahí pasó al Norte de Castilla, dirigido por Miguel Delibes, con solo 17 años. Con 19 años se marchó a una Argelia sumida en la Guerra Civil. Más tarde, India y Pakistán con su eterno conflicto de Cachemira. Una persona inquieta, incapaz de permanecer en el mismo sitio. En Argentina dirían de él que tiene hormigas en el culo. Así hasta Vietnam, Nicaragua, Yugoslavia y un largo etcétera.

No solo de guerra vivió Manu Leguineche. Fundador de varias agencias de noticias, entre ellas Colpisa y FaxPress, vivió uno de los períodos históricos más apasionantes para un periodista español como fue el final de la dictadura y el inicio de la Transición hacia la democracia. Un momento en el que muchos políticos y periodistas parecía que estaban en el mismo barco y con un mismo objetivo. Una ilusión, ya sabemos que la clase política no tiene amigos, solo intereses y aliados coyunturales que les ayuden para alcanzar el poder o conservarlo. Autor de varios libros, siendo el más destacado La Tribu en 1980 por lo que muchos compañeros le acabarían llamando el Jefe de la Tribu en un modo cariñoso de reconocimiento.

Ganador de multitud de premios como el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Cirilo Rodríguez y el Premio Ortega y Gasseet. ” No tuvimos infancias felices pero tuvimos Vietnam” fue una de sus frases favoritas en las que quedaba claro que la España gris que todavía no terminaba de amanecer se le quedaba pequeña para sus ansias de contar historias. Así, conseguía tener libertad propia, viajando por los cinco continentes para contar las historias que de otra manera, difícilmente nos habrían llegado.

Con Manu Leguineche no se produce solo la muerte de un periodista. Desaparece un testigo de otro tiempo, mejor en algunas cosas y peor en otras, y su manera de entender el mundo. Una visión basada en la honradez personal y porfesional, sin lamer el culo de nadie, y con una dignidad a prueba de bombas. Muchos periodistas actuales no le llegarían ni a la suela de los zapatos.

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