Ayer fue un día triste. Y no porque fuera el dia de San Valentín. Ayer se cumplieron 10 años de la muerte del ciclista italiano Marco Pantani, el escalador por excelencia del hoy tan denostado ciclismo( en la mayoría de los casos con razón). Murió un dia de San Valentín solo en un hotel de Rimini, alejado de su familia, separado de su novia y de sus amigos y arrastrado por el mundo de la droga. Murió por sobredosis de cocaína. Otro ídolo caído en desgracia. Fue, prácticamente, el único ciclista que destrozó a Miguel Indurain en una subida estando en plena forma.

Ya habrá muchos otros espacios que se dedican a relatar su paso por el lado escuro de la vida. Pero aquí me quedaré con su carrera como ciclista y los recuerdos que me llegan hasta hoy. El mejor escalador de la historia dejó muchos momentos para el recuerdo. Pero yo me quedo principalmente con dos. Uno en el Giro de Italia y otro en el Tour de Francia.

– Pantani nació para el gran públio en el Giro de 1994. Indurain había ganado ya 3 Tours y dos Giros de Italia de forma consecutiva y se presentaba nuevamente con la intención de conseguir el doblete Giro y Tour. Pero se encontró con dos personajes inesperados: Eugeni Berzin, ganador final y que apenas hizo nada más en el ciclismo, y Marco Pantani. El Pirata demostró en las primeras etapas de montaña sus cualidades y su habilidad en los ascensos( y en los descensos). Llegó la etapa decisiva con final en Aprica y paso por el terrible Mortirolo, uno de los puertos más duros, 13 kilómetros sin bajar del 10% de pendiente.

Indurain necesitaba remontar, Pantani atacó y se llevó a Berzin a su rueda. Indurain no entró al trapo y puso su ritmo. Un ritmo desvastador pero continuo, sin cambios. Cogió a Berzín y lo dejó atrás, enganchando con Pantani en el descenso del Mortirolo. Pantani le sigue y Berzin cede. El éxtasis italiano y español. Pantani e Indurain se marchan juntos con algún invitado de piedra pero en el siguiente puerto, de segunda llamado Vallico de Santa Cristina, Indurain cede: no puede soportar el tremendo esfuerzo realizado siguiendo a Pantani y cede en un puerto corto pero explosivo y duro. Lo peor para sus características. En el falso llano a la meta en Aprica sufre un pajarón tremendo y dice adiós a sus opciones de victoria. Acabaría tercero. Después de ese Giro, Indurain reconoció su error. Dijo que no tendría que haber intentado aguantar el ritmo de Pantani y que era un error que no volvería a cometer. Y no lo hizo. Indurain siempre fue un tipo sensato y paciente.

– El segundo recuerdo imborrable de Pantani es el Tour que ganó en 1998. Concretamente la etapa en la que se subía el Galibier y luchaba por la victoria con Jan Ulrich. En un día de perros, con niebla y lluvia, Pantani decide atacar de lejos en una de las subidas más míticas del Tour, el Galibier. Ulrich no encuentra respuesta y Pantani encuentra buenos colaboradores en el Kelme de Fernando Escartín hasta que vuela en solitario en el siguiente puerto hacia la meta, dejando un cadáver tras otro y sobrepasando a otro ciclista malogrado, el Chava Jiménez. Siempre intentando volar solo, sin trabas ni cortapisas en las que poder expresarse y sentirse mejor. Acabó ganando Pantani ese Tour que se quedaría grabado en la memoria como el inicio del calvario del doaje en el mundo de ciclismo. La explosión del caso Festina. Y toda una generación ce ciclistas, la de los 90, en entredicho.

En el Giro de 1999 empezó su caída a los infiernos. A pocos días del final era maglia rosa con una diferencia importante después de arrasar en todo el Giro. Pero en control superó el 50% de hemacrotito y fue retirado de la carrera. Ya nunca fue el mismo. La sombra del dopaje le afectó mucho y solo tuvo apariciones ya fugaces pero brillantes. Como en el Tour del año 2000. Dos victorias de etapa, una de ellas en otro monumento del Tour: el Mont Ventoux ante Armstrong, que le dejó ganar y eso afectó a su orgullo. Tanto que atacó de salida en una de las etapas siguientes desgastando a Lance Armstrong como pocos hasta la explosión del norteamericano en la Joux Plane. Un espectáculo ofrecido por Pantani derivado de la humillación sufrida en el Ventoux.

A los 10 años de su muerte poco queda ya de él. En su tierra natal, Cesenatico, le añoran al igual que los amantes del ciclismo de altura. Del todo por el todo dónde priman más las sensaciones e intuiciones que las máquinas programadas. El legado de Armstrong ha podrido el ciclismo, pero no solo él, pero los recuerdos imborrables de Pantani siguen estando presentes.

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