Nunca me ha caído bien Dani Alves. Me parece un personaje deshonesto y tramposo en el campo de juego. Pero su reacción al regoger un plátano que le fue lanzado desde la grada del campo del Villarreal, en un evidente gesto racista,y comérselo, me parece digno de elogio. Fue la mejor manera de manifestar desprecio por el hecho de ser tratado como un mono que era lo que pretendía el energúmeno que se lo tiró. Ahora bien, de ahí a decir que España, como dijo Alves, tiene un problema con el racismo, hay un abismo. Entre otras cosas, porque ha sido en España donde se ha hecho un nombre al fichar por el Sevilla y luego por el Barcelona, que le ha dado mucho dinero y fama, y que le ha permitido jugar con la selección brasileña de fútbol. Por otra parte, la reacción del Villarreal ha sido impecable: identificación rápida y expulsión de por vida del campo para el socio que lo hizo.

¿ Hay racistas en España?. Por supuesto que los hay. Como en todos los países. También tenemos violadores, asesinos, ladrones y terroristas. Y hay que luchar contra ellos. Pero parece que quedan en un segundo plano otros hechos igualmente condenables pero que encuentran justificación. En España también existe xenofobia pero no parece que exista mucho interés en combatirla, más bien en justificarla. Hay lugares de este país donde se discrimina por hablar una determinada lengua o querer que tus hijos sean educados en la lengua que tú elijas. Hay xenofobia ante personas que tiene una diferente orientación sexual que la mayoritaria. Y hay personas de determinadas regiones que creen que tienen más derechos que los que nacen en otros lugares. Una discriminación por razón de lugar de nacimiento: algo que, de momento, nadie puede elegir.

Y hay responsables políticos que la respaldan. La semana pasada el primer secretario del PSC, Pere Navarro, fue agredido por una mujer que le propinó un puñetazo en la cara al grito de hijo de puta. No sabemos si en catalán o en castellano. Lo peor no fue la agresión en sí sino la reacción del portavoz de la Generalitat, Francesc Homs: ” Hay cosas que los políticos tenemos que aguantar”. Primero condenó el ataque, luego lo desvinculó del debate soberanista y, por último, lo justifica indirectamente. El tan conocido sí, pero.  La agresión a Pere Navarro es un ejemplo claro de ello. Si le han agredido, algo habrá hecho. Ya sabemos que la relación de Homs con la realidad es muy complicada pero tampoco puede vivir en Marte al decir que en Cataluña no existe crispación social. Sí que la hay, y cada vez más. El eslogan tan repetido de España nos roba ha calado. Y aunque sea mentira, esa percepción se ha instalado como verdadera en muchas personas que nunca han sido nacionalistas. Es un hecho que no hay que minusvalorar: ellos lo creen aunque le demuestres lo contrario. Ya lo ha dicho Loquillo esta semana. ” A mí no me roba España sino los Pujol y Millet“. Además, en épocas de crisis como la actual el mensaje populista enuentra un encaje mucho más fácil. La culpa no es nuestra, es de otros. De un enemigo exterior: inventado o real. Así que, somos inocentes de cualquier cosa que pueda pasar.

El nacionalismo, en cualquier sitio y bajo cualquier bandera, siempre lleva el germen de la xenofobia en su interior. Señala a los distintos con el objetivo de expulsarlos de la sociedad civil y convertirlos en apestados. Unas veces con la complicidad activa de los partidarios y otras veces con la indiferencia cuando los derechos de los diferentes son pisoteados. Es decir, no hacer nada ante las injusticias. ¿ Les suena, verdad?. Ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia y, desgraciadamente, sigue ocurriendo. Se está construyendo una sociedad negativa en la que prima el ataque a los adversarios que piensan distinto más que en la defensa de valores propios o positivos.

 

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