En China no se permite el acceso a Google. En Cuba no se permite el acceso libre a Internet. Solo a las páginas que te permite el régimen. En Corea del Norte existe un auténtico gulag cibernético como extensión del físico. Las dictaduras han tenido siempre como principal misión impedir o restringir el acceso libre a la información así como limitar la libertad de expresión. Es su forma de mantener y perpetuar su poder. La reciente sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que obliga al buscador Google a eliminar enlaces a noticias que sean lesivos para los ciudadanos, aunque sean veraces, no tiene nada que desmerecer a las políticas de esos regímenes. Stalin, además de asesinar y masacrar a su pueblo, borraba de las fotos emblemáticas a los líderes caídos en desgracia. Si los borramos, desaparecen de la historia y la falsificamos. Suena parecido,¿ no?.

La historia arranca con la denuncia que presenta el abogado Mario Costeja contra Google y La Vanguardia para que eliminen los contenidos relativos a la subasta de inmuebles de su propiedad por deudas a la Seguridad Social. La sentencia no le da la razón respecto a La Vanguardia pero sí respecto a Google. Parecen olvidar un detalle importante. Google no es un emisor de noticias sino un espejo de las noticias ya publicadas. Es muy fácil de entender: si se elimina el contenido del periódico, ya no aparecería en Google.  Pero al periódico La Vanguardia no le obligan a borrar sus contenidos porque atenta contra la libertad de expresión. Con toda la razón. Pero una libertad de expresión que no se aplica a todos por igual. Como si existiera una libertad de primera y otra de segunda. Se trata, entonces, de un intento de reeescribir la historia amparándose en un supuesto derecho al olvido que prevalecería sobre la publicación de contenidos veraces y rigurosos. Una especie de mordaza electrónica para gobernarnos a todos imponiendo un mecanismo de censura.

La censura de la Unión Europea contra Google es un intento de censura y un aviso a navegantes. Da igual que publiques noticias que sean rigurosas y ciertas. El derecho al olvido en el que se basa la sentencia es una golosina en la boca de dirigentes autoritarios que traten de imponer su visión del mundo. Hitler podría reclamar, si saliera del infierno, la cantidad de páginas injuriosas contra su persona por el detalle de los millones de judíos asesinados. Y Franco podría quejarse de las mofas a su persona. Con esta sentencia, otorgamos la oportunidad a los Estados de limitar el libre acceso a la información. Y ya sabemos cómo les gusta a los Estados acaparar más y más poder para mantener sus privilegios.

Y lo más importante. ¿ Dónde ponemos el límite?. ¿ Podría un violador, pasados unos años, pedir que se eliminen los enlaces en los que aparece su delito y su condena?. Las amenazas a través de las redes sociales que tengan su reflejo en Google, ¿ podrían ser retiradas también si el interesado lo pide?. Personas que hayan cometido delitos, tengan deudas con Hacienda o hayan circulado con su vehículo a 200 km/h podrán pedir retirar los enlaces de Google en los que aparezcan sus fechorías. Y, aún así, mucha gente aplaudiendo con las orejas encantados de otorgar más poder a los Estados. Como si tuvieran poco.

 

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