Parecía que llegaba en mejor forma el Barca a la Final Four de Milán que el Real Madrid. Sobre todo después del partido de Liga de hace 7 días en el que pasó por encima del conjunto blanco en el Palau.  La temporada se hacía larga para el Madrid en forma de juego y de lesiones. El inicio del partido ayer confirmaba esa impresión. Salida fulgurante del Barca con Ante Tomic dominando ambas zonas y con Marcelinho Huertas controlando el ritmo de juego a pesar de la novedad planteada por Laso de poner a Darden en su defensa para evitar el pick and roll con Tomic. Pero apareció Sergio Rodríguez. Algo antes de lo habitual en las rotaciones tan engrasadas de Pablo Laso. Ahí cambió el partido. Primero a base de triples y luego con su dirección de juego apoyado por Nikola Mirotic ejerciendo el papel de lider en los momentos iniciales de dudas. Y apareció Slaughter. Las dos faltas de Bourousis en apenas 4 minutos lo relegaron al banquillo. Siempre se destaca el ataque del Madrid. Pero la defensa es la que hace posible su estilo de juego. Dejar al Barcelona en 62 puntos en una semifinal de Copa de Europa es un mérito similar que alcanzar los 100 puntos.

A partir de ese momento no hubo partido. Al menos solo participó el Real Madrid. Hasta el descanso sobrevivió como pudo el conjunto barcelonés pero un parcial de 26-1 entre el final del segundo y el inicio del tercer cuarto, los derribó. Emocional y físicamente. Bajaron los brazos. Un vendaval de juego del Madrid, como en los meses iniciales del campeonato donde arrollaron a todos sus rivales en España y Europa, ponía de manifiesto el estilo de juego del Madrid. Si son capaces de robar, correr y jugar rápido, no hay rival en Europa que les pueda ganar. Ni tan siquiera acercarse. La única posibilidad es que el conjunto entrenado por Xavi Pascual fuera capaz de controlar el ritmo de juego. Eso implica impedir que el Madrid corra y hacer un juego más posicional y lento que evite los contraataques. Ese es precisamente el ideario del Real Madrid histórico y recuperado por Pablo Laso tras el desastre de Ettore Messina. Una combustión en la que participó, cómo no podía ser de otra manera, Felipe Reyes con su actuación en el segundo cuarto sustituyendo a un gran Mirotic. No se notó su ausencia.

El Madrid de la segunda parte fue una apisonadora. La paliza se hizo realidad en el tercer cuarto cuando el vendaval de juego blanco inundó el juego del Barcelona y el banquillo. Xavi Pascual intentaba taponar la sangría en su defensa y en el ataque tratando de contrarrestar el juego del equipo rival más que en tratar de potenciar sus propias cualidades y virtudes. Para detener al Chacho, sale a pista Víctor Sada para subir la intensidad defensiva. No lo consiguió y, de propina, se perdió fluidez en el juego ofensivo. Navarro no está a su mejor nivel físico desde hace tiempo y Abrines parece muy verde para las citas más altas. 14 triples del Madrid en una semifinal europea a uno solo del record. Un recital de juego colectivo con jugadas y pases milimétricas en el que todos los jugadores se fueron contagiando. 62-100 en el marcador final con los aficionados blancos en las gradas pidiendo precisamente eso: llegar a los 100 puntos ante el mayor rival deportivo. Una paliza en toda regla.

No sabemos si el Real Madrid ganará la final el domingo ante el Maccabi. Mi apuesta es que sí. La justicia del Baloncesto, si existiera, dictaría que debiera ganar el equipo que desde Octubre lleva desplegando un juego que gusta y apasiona a los aficionados. Que llena y convierte su Palacio de los Deportes en una fiesta cada vez que juegan. Que llena las canchas de los contrarios para asistir al espectáculo. Esa es la diferencia fundamental entre el Madrid y el Barca de hoy. Mientras el equipo blanco llena su pabellón día tras día, el Barca no es capaz de que sus propios aficionados acudan en masa al Palau, aunque. Algo debe fallar entonces.

 

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