No es que sea uno muy aficionado al fútbol, más bien lo contrario, pero no haber visto nunca al equipo de tu ciudad jugar en Primera División tiene que ser duro si eres capital de provincia y una de las ciudades más grandes de tu país. Oiremos las tonterías de siempre de que es un deporte, que los futbolistas son millonarios y bla bla bla. Pero ver la cara de la gente, niños, medianos y personas mayores, bordeando las lágrimas no tiene precio cuando es por alegría. Esa emoción es real y me alegra haberla vivido en primera persona. Y con suspense. Mucho suspense. Sin merecerlo en el último partido. Pero aguantando y sufriendo hasta el final. Cómo debe de ser. Así se saborea mejor.

Sabe aún mejor cuando la afición del equipo rival celebra por adelantado la victoria saltando al campo e interrumpiendo el partido durante unos minutos nerviosos. Se mezclan aquí dos de las grandes tragedias de este país. Celebrar las cosas por adelantado y menospreciar a los contrarios. El fútbol, y el deporte en general, es un juego de vida. Lo tiene todo. Solidaridad entre compañeros, juego en equipo, ilusión, emoción y tristeza. Y engaños, egoísmo, injusticias, traiciones y trampas. Qué cada uno piense en su trabajo o en sus relaciones y seguro que encuentra alguna de estas variantes en su vida personal.

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Conforme se acercaba el final del partido y nos seguía faltando ese gol milagroso que nos llevara a Primera comentaba con la gente con la que veía el partido que nos quedaba la de Alfonso en la Eurocopa 2000 contra Yugoslavia. Balón a la olla y remate desesperado en el descuento. Y lo conseguimos. Y pasamos de ronda perdiendo, como casi siempre, en cuartos de final. No había llegado todavía el milagro de 2008 con la generación maravillosa y años sucesivos. De la decepción de un equipo en descomposición como es la selección española en estos momentos a disfrutar de la alegría de ver a tu ciudad en lo más alto del mundo del fútbol, con todo lo que ello conlleva. Las Tendillas convertida en una fiesta y sin incidentes. No como en ocasiones anteriores en las que el fútbol saca lo peor de la sociedad provocando destrozos y agresiones. Una razón más para estar orgullosos.

Y no solo es fútbol. El impacto económico del ascenso a Primera va a ser muy importante para una ciudad, y una provincia, con una de las tasas de paro más elevadas, con un importante nivel de economía sumergida y en una depresión de la que el turismo y los servicios asociados al fútbol de máximo nivel nos puede venir muy bien. Eso es lo que debemos aprovechar. La inyección de ilusión y la emoción del momento que sirvan para proyectar un futuro mejor. Es lo que tiene el deporte. Y es la primera vez que consigo emocionarme con el equipo de mi ciudad. Algo que solo había conseguido hasta ahora la selección española de Baloncesto en el Mundial 2006 y los años siguientes, incluyendo las dos derrotas en las finales de los Juegos Olímpicos ante Estados Unidos( algunas derrotas no son tristes).

Y empatamos. Y en el descuento. Sin posibilidad de reacción para un rival devorado por su propia afición. Una pena por Valerón, un ejemplo de  jugador y persona. Córdoba es de Primera. Y esperemos que por muchos años. Una ilusión que no debería ser solo el sueño de una noche de verano. Al igual que las victorias de la selección española han marcado a una generación, el ascenso del Córdoba a Primera después de 42 años de larga espera marcará a nuestra propia generación. Vivir acontecimientos importantes es lo que tiene. Te sientes partícipes de ellos. Y Rafael Gómez alias Sandokán de concejal gracias a los votos de miles de cordobeses, condenado por el caso Malaya y exPresidente del Córdoba, a pesar de estar condenado. Incongruencias del sistema.

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