“Cuando los Estados son austeros, las sociedades son prósperas”. Ésta frase es una de las que mejor resumen el pensamiento económico del profesor José Barea, fallecido esta semana a la edad de 91 años. El Estado en España no es austero y podría ser mucho más próspero- Pero claro, luego vienen noticias de informes de la OCDE que reflejan qué el 25% de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años ni estudian ni trabajan, los llamados ninis. Entonces, ¿ qué podemos esperar?. Con estas cifras es complicado hacer prosperar a un país además de constituir el caldo de cultivo para movimientos populistas tipo Podemos.

El profesor Barea no era un liberal en el sento estricto de la palabra o neoliberal cómo tienden a identificar los movimientos populistas a todos los que no se suman a sus dogmas económicos equivocados. Pero sí era un tipo decente y realista que pensaba qué es el Estado quién debe servir a los ciudadanos y no al revés cómo venimos padeciendo desde hace tiempo con los sucesivos gobiernos de Zapatero y Rajoy, por no ir más hacia atrás en el tiempo. Su principal misión es qué buscaba reducir el déficit público reduciendo los gastos en lugar de subir los impuestos. Aunque parezca ilógico, en España siempre se había hecho al revés. Primero, la previsión de gastos y, a partir de ahí, intentar cubrirlo con los ingresos. Si no se consigue, más impuestos. El ministro de Hacienda Cristóbal Montoro lo homenajea en las páginas de El País. Mejor que escribir artículos sería seguir sus enseñanzas.

La fama de José Barea viene, principalmente, de su puesto de Director de la Oficina Presupuestaria de la Moncloa en la primera parte del primer Gobierno de José María Aznar y del PP, años 1996 a 1998. Una época de ajuste presupuestario y reducción del gasto público que sentaría las bases de nuestra entrada en el euro desde el primer momento( cosa que España nunca había conseguido antes: entrar desde el primer momento en los organismos europeos) y una década de prosperidad ya olvidada y qué no hemos vuelto a ver. Y sin hacer trampas contables cómo Grecia. El principal escollo para acceder a la unión monetaria y al euro cómo miembros fundadores era el déficit público, el 6%, heredado de la crisis del 93 y el Gobierno de Felipe González. Con Zapatero llegamos al 12% tras descubirse los engaños que se ocultaron en su momento. A la sapiencia y sentido común de Pepe Barea se unió la voluntad política de un Aznar necesitado de un gran logro político, y económico, en una situación de inestabilidad política debido a su precaria mayoría parlamentaria y obligado a pactar con Pujol para sobrevivir. Pero la colaboración fue fructífera. Entramos en el euro en el grupo de cabeza y el déficit público bajó al 0,8% en el año 1999. Luego vino la mayoría absoluta y el endiosamiento de Aznar. Pero el acierto de sus dos primeros años de Gobierno que sentaron las bases de la recuperación económica son innegables. Gracias a la aportación de, entre otros, el profesor Barea.

Pero su trayectoria es mucho más amplia que eso. Doctor en Ciencias Económicas, catedrático de Hacienda Pública y académico en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Su trayectoria es la de un servidor público fiel al Estado, pero de los de verdad( algunos hay aunque las tertulias y sus tertulianos lo pinten todo de negro. Mejor los grises). El concepto de hombre de Estado, o estadista, está muy devaluado. De Jordi Pujol decían que lo era. O Manuel Chaves. O el amiguete Francisco Camps se veía así mismo cómo servidor público. José Barea lo era de verdad. Secretario de Estado de Seguridad Social con la UCD, Felipe González lo puso al frente del Banco de Crétido Agrícola y fue consejero delegado de Iberia cuando era todavía pública.

Me gustaba oírle en la radio. Era un tío claro, sencillo en la exposición y realista. Dejó muchas frases. Para mí, una de las mejores, y de las que mejor resumen su pensamiento, es: ¿ Por qué no puede quebrar un banco?. ¿Por qué tenemos qué estar aportando todos los ciudadanos porque el banco lo haga mal?. Un espíritu realista y de responsabilidad difícil de entender en un país en el que si firmas un contrato y las cosas vienen mal dadas, te crees en el derecho de desenterderte absolutamente de lo que has firmado. Ése es nuestro país ahora.

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