Era insostenible. La situación de Orenga tras el papel de España en el Mundial de Baloncesto 2014 no dejaba lugar a dudas. No podía seguir al frente de la selección. No eran solo los gritos de Orenga, dimisión al finalizar el partido contra Francia de cuartos de final. El run run alrededor de lseleccionador sonaba incluso ganando de 20 puntos por su escasa capacidad para dirigir el equipo. Sucedió lo que algunos ya señalábamos el año pasado durante el Europeo de Eslovenia. Orenga no es un entrenador, al menos hasta el momento, que pueda dirigir a la selección española ni a ningún equipo de alto nivel. Haber sido un buen jugador de Baloncesto no es garantía de que vaya a ser un buen entrenador de Baloncesto. La decisión inicial del Presidente de la Federación, Jose Luis Sáez, de no tomar ninguna decisión hasta Noviembre era una quimera. Decía que sería algo cobarde e injusto tomar una decisión en caliente. Orenga ha dimitido hoy, a pesar de manifestar que se sentía con fuerzas para seguir, y no sabemos si José Luis Sáez seguirá pensando que tomar decisiones es algo cobarde e injusto.

Orenga no tiene cintura para tratar de resolver y revertir situaciones comprometidas. Apenas es capaz de poner en práctica variantes tácticas que puedan alterar el ritmo de un partido. Y lo más importante: no ha sabido gestionar el capital humano que tenía a su disposición, la mejor plantilla que hemos tenido nunca. Ha infrautilizado algunos jugadores y sobreutilizado a otros, a pesar de no ser necesario y poniendo en riesgo su condición física para futuros partidos. Ver a Pau Gasol cargado de minutos en partidos intrascendentes no es la mejor manera de tratar de ganar un campeonato. Cuando llegó la hora de la verdad, no estaba a su mejor nivel físico. Y no es por este Mundial. Los mismos defectos en la dirección del grupo los cometió en el Europeo de Eslovenia del año pasado. La medalla de bronce se consideró, acertadamente, un éxito por las bajas con las que acudíamos pero no debía ocultar la realidad. Perdimos cuatro partidos y se consideró un éxito y Orenga siguió al frente de la selección. En el Mundial de este año solo hemos perdido uno. Y se considera un fracaso. Cosas de las estadísticas.

La dimisión de Orenga no es la panacea. No garantiza que en próximos campeonatos la selección vuelva a lo más alto o luche por las medallas. Nos encontramos en una encrucijada que vendrá marcada por la paulatina retirada, dependiendo de su condición física, de los dos mejores jugadores de baloncesto que ha tenido España nunca: Juan Carlos Navarro y Pau Gasol. Su estado físico condicionará sus futuras participaciones en la selección empezando por el Europeo del próximo año que determinará la participación o no de España en los Juegos Olímpicos de Brasil en 2016. Solo se clasifican directamente los finalistas del Europeo y del 3 al sexto puesto jugarán un Preolímpico para poder participar. Una apuesta arriesgada.

El futuro de la selección está en manos, nuevamente, del Presidente de la Federación, José Luis Sáez. La elección del nuevo entrenador marcará el camino a seguir. Se mencionaba el otro día la posibilidad de la vuelta de Sergio Scariolo al puesto de sleccionador. Es un entrenador experimentado y con un éxito contrastado al frente de España, dos campeonatos de Europa y una plata olímpica. Pero segundas partes nunca fueron buenas. Sangre nueva para un tiempo nuevo es lo que se requiere. Cantera de buenos entrenadores tenemos de sobra para elegir.

Anuncios