Tantas veces había amenazado Alberto Ruiz Gallardón con irse de la política que no era noticia. Pero en esta ocasión, que no había adelantando ninguna amenaza, ha sido distinto. El abandono del Gobierno de la reforma del aborto planteada por Rajoy, y encomendada a Gallardón como Ministro de Justicia, ha tenido como conclusión la dimisión de Gallardón, el abandono de su escaño de diputado, sus cargos en el PP y su retirada de la política activa. Todo en uno. Gallardón siempre había sido un verso suelto dentro del PP. Y es precisamente ahora cuando su política representa mejor a la ideología y al votante medio de su partido, que tanto lo había criticado, cuando dimite, obligado por las circunstancias. Unas circunstancias basadas en las elecciones que se avecinan, en el desgaste del Gobierno y en la falta de apoyo de los votantes a la reforma del aborto, incluidos gran parte de los votantes del PP. Paradojas de la vida política. Gallardón se va de la política otra vez. Esta vez de verdad.

Altivo y soberbio, Gallardón no formaba parte del núcleo duro de Rajoy. Ni el representado en la Moncloa por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ni el que representa Cospedal en Génova. La dimisión de Gallardón se produce en la previa de que Rajoy viaje a China y con el Rey en Estados Unidos.

Gallardón había amenazado en dimitir en varias ocasiones anteriormente. Principalmente en las batallas libradas contra Esperanza Aguirre en el Partido Popular de Madrid. Las perdió todas. Esas derrotas le hicieron sentirse desautorizado pero no tanto como ahora. El resto de partidos del arco parlamentario se han opuesto a la reforma del aborto defendida por Gallardón. Pero tampoco ha conseguido lograr consenso interno dentro de su propio partido con importantes voces que se han posicionado en contra. La retirada de la reforma del aborto anunciada por Rajoy dejaba a Gallardón a los pies de los caballos y en una posición extremadamente difícil y aislada. Gallardón ha hecho su Game Over particular después de que Rajoy le señalara el final de la partida.

En un año previo a unas elecciones autonómicas y locales que se presentan muy difíciles para el Partido Popular, la reforma del aborto, alentada por Rajoy y defendida por Gallardón, suponía una sangría constante de votos para un partido que ya ha perdido muchos y que confía su victoria en las generales a la fragmentación del voto de la izquierda, con la irrupción de Podemos, y a la mejora económica, aún leve pero que puede ir a más en el tramo final de la legislatura. Y no es la única renuncia del Gobierno de Rajoy: la elección directa de alcaldes( una buena medida en un momento pésimo) también ha sido aparcada ante la falta de apoyo del PSOE, a pesar de que ellos lo llevaban en su programa electoral en 2004. Decíamos que es una buena medida pero elevando el mínimo para ganar del 40 al 50%, mediante una segunda vuelta si fuera necesario.

En un año preelectoral, Rajoy hace gala de su talante conservador en extremo, salvo para subir impuestos, dejando de lado propuestas que generan polémica y que sabe que no le va a dar ningún voto: cálculo electoral puro y duro. Cómo no podía ser de otra forma. La retirada de Gallardón de la política deja tras de sí un político capaz de ganar por mayoría absoluta la alcaldía y la Comunidad de Madrid, un bastión en los años 80 y principios de los 90 de la izquierda para pasar a convertirse en un feudo regional del PP desde 1995 en adelante, principalmente a partir de 2004. Un político que parecía ser más querido por aquéllos que no le votaban, la izquierda, que sus propios votantes. Gracias, sobre todo, a los buenos haceres de Polanco y del grupo Prisa que mantenían a Gallardón en una especie de reserva en la derecha política con la que llevarse bien ante la impenetrabilidad de Aznar.

PD: solo faltaría que el sustituto de Gallardón fuera Javier Arenas. Se admiten apuestas.

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