El sorpasso era la teoría defendida por Julio Anguita cuando era coordinador general de Izquierda Unida según la cual IU estaba destinada a convertirse en la primera fuerza política de la izquierda debido al abandono que el PSOE hacía de los votantes de izquierda. La teoría de las dos orillas: a un lado, PSOE y PP a los que denunciaba por sus políticas económicas “neoliberales”. Al otro lado, IU como única fuerza capaz de hacerles frente y representante de la verdadera izquierda. Curiosamente, ni Anguita ni la IU actual denuncian la convergencia económica real, no la supuesta ni inventada, entre PSOE y PP: la subida de impuestos y el disparatado gasto público aplicado por ambas formaciones. Eso IU nunca lo ha denunciado, ni lo hará. Su concepción política va más allá: más impuestos, más presión fiscal y más gasto público para consolidar al Estado cómo ente todopoderoso, privilegiado y controlador de la ecconomía.

Toda esa ilusión se vino abajo hace mucho tiempo. No es la primera vez que el comunismo identificaba al PSOE cómo su principal rival. En la Segunda República, la política de Stalin respecto a los socialistas y socialdemócratas era tacharlos de socialfascistas y enemigos del pueblo. Luego, le vio las orejas al lobo en forma de Hitler e impuso la política de los Frentes Populares, en España y Francia, para contener al fascismo: con los mismos a los que había llamado fascistas. Cuando no le sirvió esta política, se alió directamente con Hitler. El comunismo europeo, y el español también, fue obediente. Criticaron a las democracias y aceptaron la alianza con Hitler después del pacto Ribbentrop-Molotov.

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Pero IU nunca pudo dar, ni estuvo cerca, de dar el sorpasso y sobrepasar en votos al PSOE. El lastre de ser un partido comunista y la evolución de la sociedad los convirtió en un partido bisagra al que el PSOE recurre para gobernar cuando el Partido Popular no saca mayoría absoluta en elecciones autonómicas o municipales. Es decir, es una muleta del partido socialista. Pero la irrupción de Podemos ha trastocado el panorama político nacional hasta límites insospechados. Es llamativo que con un programa político y económico muy parecido al de Izquierda Unida, Podemos sí parece más cerca del PSOE de lo que nunca ha estado Izquierda Unida. La crisis institucional, económica y de valores ha permitido a un movimiento populista como Podemos situarse en una situación envidiable en todas las encuestas. No para de subir y amenaza la hegemonía en la izquierda del PSOE. En la Izquierda Unida actual( la de Cayo Lara, Alberto Garzón y la que apoya a Susana Díaz y el PSOE andaluz en el encubrimiento del escándalo de los ERES) no se lo creen y tratan de minimizar los daños. Porque si al PSOE la irrupción de Podemos le hace daño, a Izquierda Unida directamente la destruye. Sus votantes se pasan en masa a Podemos y su propia existencia cómo movimiento político se ve en entredicho. No hay que olvidarlo. El grupo más importante de Podemos a nivel organizativo, Izquierda Anticapitalista, proviene de IU.

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Es aquí dontre entra en juego una de las principales características históricas del comunismo: la capacidad de camuflaje y resistencia. Si después de la caída del Imperio Soviético y del muro de Berlín, los partidos comunistas buscaron diluirse en movimientos de todo tipo, principalmente ecologistas y nacionalistas( qué mejor ejemplo que ver en España la transformación del poderoso PSUC en Iniciativa per Cataluña, IC), con el objetivo de quitarse de encima la etiqueta roja de su origen para sobrevivir en el mercado político como fuerza relevante. No consiguieron borrar su pasado y la gente no compró masivamente el nuevo producto.

Ahora es distinto. Al verse sobrepasado por la irrupción de Podemos, Izquierda Unida trata de sobrevivir al sorpasso de Podemos promoviendo la marca Ganemos: una confluencia de fuerzas políticas y sociales de la izquierda con la que presentarse a las elecciones locales, ganar en votos al PSOE y desplazar al PP allá donde no ganen por mayoría absoluta. Un objetivo que no está lejos de la realidad. Ésa es la principal debilidad y fortaleza, al mismo tiempo, del PP: la fragmentación del voto de izquierda. La política suicida del PP de subir los impuestos precisamente a su principal caladero de votos, profesionales y clase media, le hará perder muchos votos. Aún así, seguirá siendo la fuerza más votada ya que el PSOE de Pedro Sánchez no termina de despegar. La cuadratura del círculo es promover un movimiento populista moderno con las recetas económicas clásicas de la izquierda antigüa: más Estado, más impuestos y más control de la sociedad. Es decir: menos libertad y más pobreza.

Los guiños de IU a Podemos seguirán adelante. Saben perfectamente que de aquí en adelante derán secundarios ya no solo del PSOE sino también de Podemos. Pero no es oro todo lo que reluce. A pesar de que en sus documentos internos Podemos analiza y no ve con malos ojos la opción de presentarse bajo el paraguas de Ganemos, no es una apuesta segura. En su discurso político, Podemos hace especial hincapié en presentarse, con mucho acierto, cómo lo nuevo e identifica al resto de actores políticos cómo lo viejo: PP y PSOE. Pero también Izquierda Unida. Todos ellos representan lo que ellos llaman la casta. Si se presentan dentro de Ganemos, corren el riesgo de verse arrastrados a la política tradicional con sus juegos subterráneos de equilibrio. Ahí, el comunismo en general y algunos elementos de IU en particular, son maestros en sobrevivir. No será Cayo Lara quién abandere la confluencia con Podemos. El llamado para esa misión será Alberto Garzón. Marketing, comunismo y recetas económicas que generan pobreza nos esperan. El final de Izquierda Unida se acerca.

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