Las Cajas de Ahorros españolas han funcionado como una especie de Parlamento reducido a los que se sumaban miembros de los sindicatos de clase dominantes, Ccoo y UGT, y dirigentes de las organizaciones empresariales. Miguel Blesa accedió a la Presidencia de Caja Madrid en 1996 gracias al acuerdo y los votos de Izquierda Unida y CCoo. Aunque ahora se escondan y los denuncien son responsables de haber situado a una persona del PP que ha protagonizado una gestión lamentable, cuando menos, que le obligó a reciclarse junto con una cajas más pequeñas en Bankia, ya con Rodrigo Rato al frente, y ser nacionalizada posteriomente. El escándalo de las tarjetas opacas de los consejeros de Caja Madrid arranca precisamente de ahí. De un sistema viciado en origen por el control de las Cajas de Ahorros por parte de partidos políticos, sindicatos y organismos empresariales.

En una empresa, los incentivos de consejeros y directivos son muy importantes y beneficiosos. Suponen un aliciente para que los dirigentes de la organización se esfuercen al máximo porque la empresa funcione y genere beneficios para repartirlos entre sus propietarios, los accionistas. En una Caja de Ahorros no hay accionistas ni se reparten dividendos con los que recompensarlos por la buena marcha de la empresa. A lo que sí estaban obligadas era a entregar parte de sus beneficios a diversas obras sociales y a financiar proyectos. Además, Caja Madrid llegó a ser la segunda Caja de España en volumen, solo superada por La Caixa, con más de 200.000 millones de euros en forma de activos. Una cantidad inmensa que le permitía regar con generosas subvenciones a las Fundaciones de los 3 grandes partidos: PP, PSOE e Izquierda Unida y les concedía generosos créditos. No es un sistema nuevo. Manuel Chaves en la Junta de Andalucía fue uno de los pioneros en este tipo de créditos. En una fecha tan lejana cómo enero de 1985, La Caja de Ahorros de Jerez, luego integrada en Caja San Fernando Sevilla Jerez, concedió créditos a 32 altos cargos socialistas y luego los condonó. No exigió su devolución y los camuflaron cómo pérdidas. La cantidad total no es importante, 20 millones de pesetas. Pero sí marca la tendencia de colusión entre Cajas y poder político, valga la redundancia.

El sistema de las tarjetas opacas de Caja Madrid es similar. El antecesor de Blesa en la Presidencia de Caja Madrid, Jaime Terceiro, estableció el límite de estas tarjetas en 26.000 euros. Un límite que se vino abajo con Miguel Blesa. Jose Antonio Moral Santín, representante de Izquierda Unida, gastó 526.000 euros. Y así todos. Más o menos pero siempre por encima del límite impuesto anteriormente empleando ese dinero de las tarjetas black para gastos personales muy alejados de gastos normales de empresa. La utilización de las tarjetas B se convirtió en un instrumento de poder de Miguel Blesa para seguir dirigiendo Caja Madrid sin que nadie le molestara. Elevando los límites de gasto para los consejeros afines cómo una forma de control. Es dificíl que los consejeros de una entidad lleven la contraria a su Presidente, aunque estén al borde del precipicio, si tienen los bolsillos llenos con un dinero opaco, lejos de Hacienda, para satisfacer sus gastos y caprichos personales. Un sistema simple: te lleno los bolsillos y estoy tranquilo. Hasta que todo salta por los aires.

Con la declaración ayer en los Juzgados de Rodrigo Rato y Miguel Blesa, ambos imputados por administración desleal, arranca una nueva fase de este proceso en la que la imagen de los gestores de la Cajas quedará por los suelos y, también, de quienes los pusieron al frente. Aunque ahora se escondan. Un sistema que se acabó con la nacionalización de Bankia y la llegada de un nuevo equipo de gestores. El escándalo de las tarjetas opacas supone el fin de la carrera política de Rodrigo Rato y el inicio para la condena de Miguel Blesa por un juez serio. Fernando Andreu ha impuesto una fianza civil de 16 millones de euros para Blesa y 3 para Rato. Estoy seguro de que no veremos al juez Andreu apartado de la carrera judicial cómo el juez Silva. Es la diferencia entre hacer las cosas bien y hacerlas estrepitosamente mal. Las pruebas contra Rato y Blesa son contundentes y el juez considera que han consentido, aceptado y propiciado, además de extendido, el uso de estas tarjetas opacas. Un proceso judicial que no ha hecho más que empezar. No son los únicos que veremos en problemas. En los próximos días veremos acciones similares de la Fiscalía contra Cataluña Banc y Novacaixa.

Aquí no hay colores ni banderías políticas. Todos han trincado disfrutando de un nivel de vida altísimo mientras Caja Madrid se iba a pique. UGT, PP, PSOE, CCoo, IU y CEOE son responsables de la mejor campaña electoral que jamás podrían haber soñado Pablo Iglesias y sus amigos de Podemos. El pufo de las Cajas cómo catalizador del cambio político. Lástima que la medicina de Podemos sea peor que la enfermedad. Más Banca pública. Qué gran error.

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