El mejor paralelismo de la historia reciente que podemos encontrar a la situación de colapso y desplome del Partido Popular actual hay que situarlo en el período de 1993-1996 en el que el PSOE liderado por Felipe González agonizaba entre una tormenta perfecta de escándalos económicos, escuchas ilegales, fondos reservados, despilfarro y terrorismo de estado( asesinatos y secuestros). Con Felipe González al frente, el PSOE encadenaba una y otra mayoría absoluta hasta las elecciones de 1993 en las que tuvo que apoyarse en Pujol, Felipe no quería a Julio Anguita ni en pintura, para gobernar. “He entendido el mensaje” proclamó Felipe la noche electoral. A lo mejor fue al revés y el mensaje no le entendió a él.

En 2014 el declive y el hundimiento de la imagen del PP es similar. Con un par de diferencias importantes: la primera es que Rajoy y el PP tienen mayoría absoluta y no dependen de apoyos parlamentarios para gobernar. La segunda es que el voto de castigo al partido gobernante ya no se desliza al principal partido de la oposición sino a fuerzas populistas, tipo Podemos, con un programa de llamamiento contra la casta gobernante. Es un programa eficaz, e irrealizable, porque la sensación de corrupción es tan generalizada que entre el PP y PSOE le hacen la campaña sola a Pablo Iglesias. Cada escándalo aumenta sus votos. A la caída de Rodrigo Rato junto con las tarjetas b de Caja Madrid y Bankia se une la Operación Púnica, un entramado típico de corrupción entre políticos y empresarios con el cobro de comisiones ilegales por la adjudicación de obras y planes. Las disculpas ayer de Esperanza Aguirre y hoy de Mariano Rajoy son estupendas, cómo los test de la banca, pero no suficientes. La confianza no es un acto de fe. Se demuestra con hechos.

En la Operación Púnica, el eje político es Francisco Granados, detenido ayer junto a otros alcaldes del PP y el del PSOE de Parla, José María Fraile, sucesor de Tomás Gómez.  Un político del Partido Popular de Madrid que tuvo muchas responsabilidades políticas hasta que la Presidenta del PP de Madrid y de la Comunidad, Esperanza Aguirre, lo destituyó de su puesto de consejero de Presidencia y Justicia interior de la Comunidad y, unos meses más tarde, lo liquidó cómo secretario regional del PP de Madrid. La razón era que había perdido la confianza en él. Ayer, Aguirre pidió disculpas por haber confiado puestos de responsabilidad a Francisco Granados. Las disculpas por los errores deben ser siempre bien aceptadas pero cuando esos errores son continuos y las personas en las que confías salen rana casi siempre, la cosa cambia. Porque la detención de políticos corruptos no provienen nunca de una denuncia interna del PP, o el PSOE en su caso. No. Siempre vienen de forma externa mediante investigaciones judiciales o policiales. Y eso en un mundo de la política donde lo que más se maneja es información: ya sea de forma legal o ilegal.

A Esperanza Aguirre se la persigue más que a otros políticos por la razón de que se sale del molde de las formas políticamente correctas y por haber ganado una importancia política muy importante cuando muchas personas la tomaban por tonta después de su paso por el Gobierno de Aznar cómo ministra( verdad gran empresario Gran Wyoming). Eso se paga. Además, si eliges tan mal a tus colaboradores políticos y tienes continuas meteduras de pata, no vas a pasar desaprecibida. Te estarán esperando en cualquier esquina. Si algo huele a podrido en Dinamarca, no menos lo hace en la Comunidad de Madrid, el princpal tentáculo junto a Valencia de la trama Gurtel. Y es una pena porque el discurso político de Esperanza Aguirre y algunas de sus políticas, bajada de impuestos, deberían servir para el debate frente a los socialistas del PP y el PSOE cuyo denominador común es el Estado cómo dominador de la política económica. Lo más evidente es que Aguirre, entre sus asuntos de tráfico y la corrupción de una parte importante del PP de Madrid, tiene cada vez más difícil ser la candidata a la alcaldía de Madrid.

Francisco Granados. Alcalde de Valdemoro entre 1999 y 2003 antes de pasar a la Comunidad cómo hombre de confianza de la presidenta Aguirre. Consejero de Transportes, Consejero de Presidencia y Justicia interior antes de ser destituido por Esperanza Aguirre. En 2011 salió a la luz la existencia de una cuenta suya con alrededor de 1,5 millones de euros en Suiza que supuso su abandono de la política activa donde ocupaba todavía el cargo de senador. Lo fue casi todo en el PP de Madrid pero su estrella se apagó pronto. Su ambición excesiva y su rivalidad con el actual Presidente Ignacio González le hicieron perder el favor de la lider. Sus palabras contra la corrupción en los últimos años en televisión dan asco vistas hoy.

Alberto López Viejo. Exconsejero de Deportes de Madrid, hombre de confianza de Aguirre y persona especilamente vinculada a la trama Gurtel ya que encargaba multitud de eventos al jefe de la trama Francisco Correa, a cambio, supuestamente, de una comisión. Fue la primera víctima política del caso Gurtel al ser destituido por Aguirre en 2009. Mejor le hubiera ido a la Presidenta si se hubiera fijado en su paso por la concejalía de Limpieza urbana del Ayuntamiento de la capital.

Sergio Gamón. Director general de Seguridad de la Comunidad de Madrid, dependiente del ayer detenido Francisco Granados. Dimitió de su cargo a raíz de la sospecha, no del todo nunca aclarada, de espionaje a diversos cargos políticos de la Comunidad y que envenenó aún más las relaciones entre Francisco Granados e Ignacio González. Su exmujer, Yolanda Laviana, fue la que reconoció en el diario El País que su marido espiaba a cargos públicos. Se da la casualidad que Yolanda Laviana fue secretaria de Esperanza Aguirre( y de Juan Ramón Lucas,) cuando fue Presidenta del Senado.

Son solo unos ejemplos pero la hemeroteca está llena de ellos.  Ginés López, Benjamín Martín Velasco, Jesús Sepúlveda( exmarido de la ministra Ana Mato), entre muchos otros. Multitud de cargos públicos imputados sumiendo al PP de Madrid, y por extensión al del resto de España, en una cloaca de corrupción de la que no se puede salir sin medidas drásticas. Y no hablamos de guillotinas cómo si fuera un Monedero cualquiera. Pero la corrupción transversal que afecta a los dos principales partidos, PP y PSOE, es mala en sí misma y por la desconfianza que genera en los ciudadanos que hacen aumentar las expectativas de los movimientos populistas que esperan llegar al Gobierno para construir una sociedad menos abierta de la que tenemos.

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