Las esperanzas de cambio que se vislumbraron después de la victoria de Mariano Rajoy en las elecciones de 2011 se disiparon muy rápido. Sin depender de hipotecas nacionalistas gracias a su victoria por mayoría absoluta, frente a Rubalcaba después de la huida de Zapatero, se esperaba de Rajoy un golpe de timón para un sistema democrático que hace aguas por la corrupción institucional de todos los partidos y que huele a fin de régimen cómo lo hacía el PSOE en el período de 1993-1996. Un país, el mismo de ayer y de hoy, lastrado por escándalos de corrupción continuos y, aparentemente, sin fin. Sustituyan Roldán por Rato, CESID por tarjetas black y podrán hacerse una idea.

Cómo decíamos, el impulso renovador de Rajoy se desvaneció pronto. En primer lugar por incumplir sus promesas electorales, subida de IRPF y del IVA. Y luego por sus parálisis inicial a la hora de tomar las medidas urgentes que la situación económica catastrófica que sufríamos demandaba. No hizo nada, salvo subir impuestos, porque esperó 4 meses a que se celebraran las elecciones andaluzas en las que pensaba que Javier Arenas ganaría por mayoría absoluta( lo hizo por mayoría simple dando lugar al bipartio PSOE-IU. Primero con Griñan y luego con Susana Díaz). Una espera que respondía al más puro cálculo electoral de partido sin tener en cuenta las necesidades del país. Tiró a la basura los primeros 100 días de gobierno en los que la opinión pública suele ser condescendiente con un Gobierno nuevo. Lo fiaba todo a una futura recuperación económica por la que hacía muy poco. Tocaba esperar y esperar siguiendo las tesis del asesor Pedro Arriola. No por nada llamaban a Rajoy Perfilero porque seguía al pie de la letra los consejos de Pío Cabanillas, padre: ” a las polémicas, de perfil“.

No ha sido capaz Rajoy, ni su partido, de ver que la ola de indignación ciudadana amenazaba con romper el status quo surgido de la Transición. Un sistema bipartidista entre PSOE y PP en el que se turnan a la hora de gobernar. Izquierda Unida y la rémora comunista no era ninguna amenaza por la izquierda y hace mucho tiempo que la posible bisagra centrista del CDS desapareció. UPYD parecía quere recoger ese testigo pero su época de mayor esperanza pronto va a pasar a mejor vida.

La encuesta del CIS conocida hoy, pero filtrada a grandes rasgos en días anteriores, deja una situación de fin del bipartidismo. El auge de Podemos le hace ponerse a la altura del PSOE y muy cerca del PP pero le deja en primer lugar en intención directa de voto. Podemos surge de la ira y la rabia de gran parte de la población hacia los partidos políticos tradicionales y los escándalos de corrupción son su mejor arma para una formación creada hace apenas 8 meses y que ya cosechó un gran triunfo en las pasadas elecciones europeas. El diagnóstico que hace Podemos de la situación política es correcto pero las recetas que propone nos hundirían aún más, aunque parezca imposible. Unas propuestas económicas irrealizables, un incremento de la influencia y poder de lo público sobre lo privado( más gasto público, más impuestos y menos libertad) unido a su admiración por movimientos populistas nefastos para el desarrollo y la libertad cómo el bolivariano de Hugo Chávez y sus socios Correa y Evo Morales. Pero convencen a la gente y eso solo es posible por el hartazgo de la población con nuestra clase política.

El colapso del PP en intención de voto, pierde casi 20 puntos, no lo recoge el PSOE de Pedro Sánchez, identificado cómo parte del mismo sistema que colapsa. Una situación de crisis general es el mejor momento para el surgimiento de movimientos tipo Podemos. Si se quiere una revolución y un cambio profundo del sistema no miras dentro de él sino fuera. Y eso lo ha visto muy bien Pablo Iglesias. Bárcenas es el mejor patrocinador de Podemos y el desastre de las cajas de Ahorros y sus tarjetas B, con PSOE, PP, IU, CCOO y UGT de la mano, el mejor escaparate para sus ideas.

Hace tiempo que dejó de ser momento para las palabras. Se requieren hechos para los que no parece estar capacitado el Presidente Mariano Rajoy. De tener mayoría absoluta va a pasar a pegarse un batacazo extraordinario en las próximas elecciones autonómicas y locales cómo antesala de las generales. Con un partido desgarrado por la corrupción, con una secretaria general cómo Cospedal con multitud de flancos abiertos y portavoces cómo Floriano, poco remedio existe. Solo le quedan dos opciones a Rajoy: presentarse a las próximas elecciones esperando que el milagro de la leve recuperación económica haga olvidar a muchos votantes su actuación, agitando el miedo a Podemos, o dejar paso a un nuevo lider no contaminado que haga saltar a la primera línea a otra generación. Creo que hará lo primero.

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