Suelen decir que los números son fríos a la hora de xplicar un acontecimiento o una estadística. Es cierto. Y eso es justamente lo que no les gusta a los nacionalistas. De cualquier condición y ámbito histórico temporal. El nacionalismo basa su poder en los sentimientos, no en el racionalismo. Por esa razón es tan difícil luchar contra ellos ya que se convierten en una especie de movimiento religioso que sustituye a Dios por la patria y que siempre busca un enemigo externo contra el que luchar, ya sea judío, católico, protestante, masónico o español.  Buscar un enemgio exterior y hacerse pasar por víctima. Una evasión de la realidad en la que los nacionalistas son expertos.Un nacionalismo que convierte a la persona en instrumento de consecución nacional donde prima lo colectivo frente a lo individual. El principio de la destrucción de la libertad de las personas.

El simulacro de referéndum perpretado el 9-N en Cataluña evidencia mejor que nada el distaciamiento de la realidad entre los nacionalistas convocantes. En su deriva independentista, Artur Más, cabalgando ente la familia Puyol y Suiza/Luxemburgo, se ha hecho acompañar por ERC, la marca abertzale en Cataluña representada por las CUP y por el tonto útil político de los nacionalistas y herederos del PSUC, Iniciativa. Los convocantes han puesto de manifiesto que el día y la participación han sido históricos pero ni siquiera unos medios de comunicación sobradamente subvencionados, La Vanguardia, Ara y El Periódico de Cataluña, han podido desmentir los datos de participación: una participación de solo el 37%. Teniendo en cuenta que no existía censo, que no había control de los votantes( la misma persona podía votar en varias mesas distintas), sin las garantías mínimas exigibles en el recuento y qué podían votar menores de 18 años y extranjeros, el éxito es muy relativo. Incluso en el famoso referéndum del Estatut fue a votar más gente: el 49 %. Pero no pasa nada. La Generalitat fue muy precavida y aumentó la posibilidad de votar hasta 2 semanas después: una buena manera de inflar la participación por si no has convencido de ir a votar a muchas personas.

A pesar de eso, los nacionalistas proclamaron que el 9-N fue un día histórico. Para mí un 9-N histórico es la celebración de la caída del Muro de Berlín. Sobre todo si promueves una consulta ilegal en la que más del 60% de los llamados a votar no se han presentado. Las fotos de los periódicos evidencian colas frente a los colegios pero no son la mayoría. La mayoría se quedó en casa. Y los nacionalistas sí acudieron a votar en masa. Éra su momento y seguro que no dejaron de aprovechar la situación para acudir a votar. Incluso algunos acudieron a votar que no, el 10%. Un error porque aunque se opusieran a la secesión, su presencia en las urnas sirve para legitimar un proceso rupturista que buscaba la mayor participación posible para doblegar al Estado. Que el sí a la independencia ganara con el 80 % de los votos era previsible aunque a ellos les hubiera gustado una mayoría más a la búlgara, un 99,99%. Nadie es perfecto.

A pesar de la derrota numérica de los independentistas lo cierto es que la batalla de la imagen y la propaganda sí que la están ganando. Cómo casi siempre. Con el Estado ausente mientras se cometían varios delitos y se pasaba por encima de la igualdad de todos los españoles, los nacionalistas votaron. La dejadez y la parsimonia de Rajoy nos dejan una especie de tufo a pacto secreto entre bambalinas entre él y Artur Más( que hablen Pedro Arriola y José Enrique Serrano)  Porque esconderse yu no salir a dar la cara mientras e ríen de ti no es algo que permita fumarse un buen puro esperando a ver si escampa. El mensaje desafiante de Artur Más el día de la votación, ” el responsable soy yo“, puede dinamitar los esfuerzos bajo cuerda de Rajoy por quitar hierro a la rebelión de la Generalitat y sus socios en la aventura independentista.

¿ Y ahora, qué?. Artur Más tiene la opción de pisar el acelerador y convocar unas elecciones plebiscitarias con el objetivo de proclamar la independencia si no quiere verse superado, aún más, por ERC o negociar con el Estado algún tipo de acuerdo que le salve el cuello ante su más que probable derrota en las siguientes elecciones. Porque la opción de presentar una lista única junto con ERC no va a ocurrir. Oriol Junqueras no le va a dar ese salvavidas ahora que se encuentra tan cerca de convertirse en President de la Generalitat. Desde el inicio de su escalada secesionista, CIU y Artur Más se han despeñado pasando de 62 a 50 escaños. Ahora las encuestas más optimistas le dan 32 escaños. Casi la mitad. Unos números fríos que deberían hacerle tomar el camino de su casa. Aunque se suba a la ola sentimental del 9-N, tarde o temprano, tendrá que enfrentarse a la realidad. Y su realidad es que en unas elecciones en las que acuda más del 37% que acudió el pasado 9-N, perderá y se tendrá que ir a su casa. O a la de Pujol.

 

 

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