La carrera de Ana Mato es uno de los mejores ejemplos de cómo la política actual no promociona a los mejores a los puestos más altos de responsabilidad sino a los mediocres. Ana Mato nunca ha sido una política que destaque por su gestión ni cuenta con una oratoria capaz de articular un discurso coherente que pueda atraer y motivar a los ciudadanos. Si además, tiene los pies de barro por su vinculación familiar con la trama Gurtel, apaga y vámonos. No es el único caso, por supuesto, pero la dimisión de una ministra es siempre un motivo más para recalcar en qué se han convertido las escalas superiores de la política española.

La razón del ascenso político de Ana Mato hasta el Gobierno es su lealtad inquebrantable a Mariano Rajoy, el lider político qué más poder ha acumulado desde el inicio de la Transición gracias a su mayoría absoluta en las elecciones generales de 2011 y a la victoria arrolladora en las autonómicas y locales del mismo año. Nadie había acumulado tanto poder territorial. El mérito no es de Rajoy, es de Zapatero. Lo importante no son los méritos sino la lealtad al jefe. Así, no podemos extrañarnos de que la política esté llena de mediocres y aprovechados.

La carrera política de Ana Mato estaba marcada desde la implicación de su exmarido, Jesús Sepúlveda, en la trama Gurtel. Más de 700.000 euros recibió de la trama liderada por Francisco Correa y una parte de ellos los disfrutó Ana Mato en diversos viajes, fiestas y regalos para sus hijos. Esta semana el juez Ruz la señala cómo ” partícipe a título lucrativo“. Es decir, beneficiarse de dinero obtenido de algún delito aunque no se tenga constancia del origen ilícito del mismo. No está imputada pero tendrá que responder por ello. A pesar de eso, su presencia en el Gobierno era contraproducente para un Rajoy que hoy mismo encaraba un Pleno sobre medidas contra la corrupción. La foto con Ana Mato podía ser aún más demoledora para la deteriodada imagen del Presidente del Gobierno.

Es otra de las constantes de la política. Cuando dejas de serme útil, me desprendo de tí. Hace unos meses se rumoreaba que Ana Mato había presentado la dimisión a Rajoy pero que éste no la aceptó. Ahora, parece justamente al revés. Mato quería aguantar pero Rajoy no ha querido. La caída de Ana Mato era inevitable para tratar de hacer resurgir la maltrecha imagen de Rajoy y el PP.  Si es así, es una medida acertada pero tardía. Aparte de su relación indirecta con la trama Gurtel, había más motivos para despedirla empezando por su espantosa gestión de la crisis del ebola donde fue sustituida por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría debido a su falta de liderazgo y su incapacidad para ofrecer explicaciones o, simplemente, dar la cara de forma convincente.

Los tiempos políticos han cambiado. La dimisión de Ana Mato, unida a la reciente dimisión de Gallardón por el fracaso en la reforma del aborto, trastoca los planes de un Rajoy poco partidario de hacer cambios en el Gobierno. Si antes Rajoy podía permitirse mantener a la cuestionada Ana Mato cómo ministra de Sanidad, mantenerla ahora apuntaba directamente a la cabeza de Rajoy cómo Presidente. Sobre todo por las últimas encuestas que sitúan al PP con apenas el 28% de voto y donde la irrupción de Podemos cómo partido clave en el nuevo panorama político lo ha revolucionado todo. Solo tenemos que ver la capacidad del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, para proponer lo contrario a lo que avaló hace poco a cuenta de la reforma del artículo 135 de la Constitución en la que se reflejaba el compromiso de estabilidad presupuestaria. Una medida promovida por Zapatero en el verano de 2010, todavía cómo Presidente, que contó con el respaldo del entonces desconocido Pedro Sánchez y del PP. Es lo bueno de las hemerotecas. Te pillan en cualquier renuncio.

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