Un embargo económico es casi siempre una situación injusta. Un bloqueo en el que pagan todos juntos, inocentes y culpables. Es cierto que en algún momento de la historia puede ser necesario para impedir acciones de guerra. Por ejemplo, el bloqueo británico a la Alemania nazi en el inicio de la Segunda Guerra Mundial, hábilmente burlado por Hitler mediante su asociación con Stalin y la Unión Soviética. Cuba sufre desde hace más de 50 años dos embargos. El exterior impuesto por Estados Unidos se debe a varias causas. La instalación de misiles nucleares soviéticos en la isla apuntando a Estados Unidos, la confiscación de bienes y propiedades de empresas y particulares norteamericanos( y cubanos) y el apoyo a movimientos guerrilleros y terroristas latinoamericanos.

Pero se habla mucho menos del otro embargo que sufren los cubanos. El embargo interno impuesto por la dictadura castrista desde hace más de 50 años a su propia población. Una dictadura que se mantiene en el tiempo a base de represión y la ausencia de las libertades más básicas. Porque la falta de libertad interna no depende del embargo norteamericano que es usado cómo una excusa más. La culpa de que un cubano no pueda acceder a internet de forma libre no es por el embargo de Estados Unidos sino por la falta de libertad que los Castro necesitan para seguir en el poder.

La decisión de Obama de empezar a desmantelar el embargo económico impuesto a Cuba hace 50 años nos deja una situación paradójica. Es una buena noticia en la que, al principio, gana más Cuba que Estados Unidos. Cuba no va a dejar de ser una dictadura por este acuerdo, al menos a corto plazo. Pero el horizonte vital de la dictadura cubana coincide con el horizonte vital de los Hermanos Castro, Fidel en la sombra por sus problemas de salud y Raúl en primer plano. Ni siquiera la caída de la Unión Soviética pudo con los Castro aunque la pobreza no ha dejado de aumentar en ningún momento desde que ellos están el el poder.

Pero las paradojas geopolíticas no se quedan en Cuba. El acuerdo entre Estados Unidos y Cuba deja en una situación aislada al principal apoyo en los últimos años de la dictadura cubana, Venezuela. La muerte de Hugo Chávez y la subida al poder de Nicolás Maduro dejaba a Cuba sumida en la incertidumbre política debido al caos institucional y económico en el que se encuentra inmerso su principal aliado en la región. Venezuela se sumerge en el caos del desabastecimiento debido a su política económica. Su dependencia del petróleo le ha proporcionado enormes beneficios cuando el barril de petróleo estaba por encima de los 100 dólares. Pero esos beneficios no los ha traducido en una diversificación de su economía más allá de paliar la débil situación de los sectores más pobres de su población. Ahora llegan las vacas flacas con el barril de petróleo a 60 dólares. La revolución del fracking en Estados Unidos le permite empezar a tener una situación de independencia energética que alterará el mapa de poder no solo en Latinoamérica, también en Oriente Medio y su tradicional saudí. Solamente Texas ya produce tanto petróleo como Irán en las últimas semanas.

Raúl Castro ha ganado la primera parte de la batalla. La siguiente es conseguir el fin del bloqueo impuesto por Estados Unidos. Algo que no puede hacer Obama en solitario ya que necesita la aprobación del Senado, con mayoría republicana. Pero, normalmente, cuando empiezan a abrirse rendijas de poder en una dictadura, es difícil contener las ansias de libertad de los ciudadanos. Se quiere la libertad completa, no en cuentagotas. La victoria de la democracia en Cuba será a largo plazo. La precaria economía cubana no puede sobrevivir sin cambios. Raúl Castro ya ha hecho unas pequeñas e insuficientes reformas económicas porque sabe que si realiza en cambio económico completo sería el fin de la dictadura por un simple hecho vital. Tiene 83 años y Fidel Castro 88. Y ya no está el primo de zumosol Hugo Chávez con su petróleo especial para Cuba.

 

Anuncios