La convocatoria de elecciones andaluzas anticipadas por Susana Díaz tenía un doble objetivo. Por un lado, coger en fase de formación a la estructura andaluza de Podemos y pillarles por sorpresa. Por otro lado, ganar las elecciones para presentarse con ese aval ante los previsibles malos resultados del Psoe en las próximas elecciones locales y autonómicas de Mayo y que pudiera servirle de trampolín para su hipotético salto al liderazgo nacional del PSOE. Saltando por encima de Pedro Sánchez. Una estrategia en la que priman sus intereses personales por encima del de los andaluces y de los de su partido.

Pero para conseguir ese doble objetivo, Susana Díaz necesita en las elecciones andaluzas del 22 de Marzo una victoria holgada, que la conseguirá, y mayoría absoluta o quedarse muy cerca de ella. Algo que parece difícil a dia de hoy. Lo más probable esque pierda escaños y votos respecto a los resultados de Griñán. La excusa para adelantar las elecciones era la inestabilidad que provocaba en el Gobierno andaluz la coalición con Izquierda Unida. Una inestabilidad que no le impidió aprobar con ellos apenas un mes antes los Presupuestos para 2015.

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Estamos ya en campaña electoral y todas las encuestas ponen de manifiesto varias cosas. El PSOE ganará con holgura pero sin mayoría absoluta. El PP andaluz de Juan Manuel Moreno sufrirá un importante batacazo y la irrupción de Podemos como tercera fuerza política, dejando a IU bajo mínimos, trastoca todo el tablero político. Si se cumplen estas previsiones lo que conseguirá Susana Díaz es traer más inestabilidad al Parlamento andaluz. Precisamente lo que quería evitar. Solo le quedaría la opción de gobernar con la permisividad de Podemos o del PP. Con una IU hundida, con sus votos tampoco alcanzaría la mayoría absoluta. Aunque así fuera, la tomadura de pelo de la disolución anticipada del Gobierno de coalición, dificultaría mucho reeditar ese Gobierno.

En cualquiera de esos dos supuestos quien sale perdiendo es Pedro Sánchez y el PSOE a nivel nacional. Si pacta con Podemos, sería la constatación de que la formación de Pablo Iglesias y Monedero aspira a lograr unos excelentes resultados a nivel nacional y espantaría a votantes moderados que se asustarían ante un pacto entre PSOE y Podemos. Y si pacta con el PP, el PSOE se hundiría por la izquierda recibiendo Podemos muchos votos más de parte del PSOE ya que la maquinaria política y mediática de Podemos sacaría partido a un posible acuerdo, por pequeño que fuera, entre PSOE y PP. Eso terminaría de hundir las posibilidades de Pedro Sánchez.

Todo esto son conjeturas antes de abrir las urnas. En Andalucía hay una particularidad importante. El voto del PSOE es muy conservador. En las capitales de provincia y las ciudades más grandes gana el PP de forma clara. Hasta el momento. El PSOE consigue sus mejores resultados en las zonas de interior. Voto urbano contra voto interior. Y Podemos es una fuerza política cuya principal característica es el voto urbano y en Andalucía, según la última encuesta del CIS, se quedará casi con la mitad de los votantes de IU, arañando menos al PSOE. Si algo se ha demostrado con la irrupción de Podemos es que todas las previsiones pueden saltar por los aires y que nada está escrito. En apenas un año han pasado de no existir a conseguir 5 escaños en el Parlamento Europeo y amenazar el orden establecido de PP y PSOE. Algo que, en menor medida, también está consiguiendo Ciudadanos de Albert Rivera con su salto a la política nacional.

La ambición de Susana Díaz puede hacerle pagar caro el adelanto de las elecciones andaluzas. Se trata de una apuesta a todo o nada que puede hacer que se vea obligada a convocar elecciones anticipadas de nuevo si no puede formar Gobierno. Pero tiene una opción política muy clara. Situar en un extremo político al PP y en otro a Podemos quedando ella en el centro de la ecuación y como dique de contención entre dos extremos. Para eso tiene a Canal Sur.

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